Gabrielle
d’Estrees y su hermana, la duquesa de Villars
¿Erotismo lésbico o alegoría del embarazo?
Título:
Gabrielle d’Estress et une de ses soeurs.
Año de
composición: 1594.
Autor: anónimo
(Escuela de Fontainebleau).
Dimensiones:
96 x 125 cm.
Técnica: óleo
sobre tela.
Residencia:
Museo de Louvre, París.
Gabrielle
d’Estrees era la amante de Enrique IV, rey de Francia. En el cuadro, ella
aparece a la derecha sosteniendo un anillo, y su hermana, la duquesa de
Villars, a la izquierda tocándole el pezón. Atrás, una mujer cose. Al fondo,
arriba de la chimenea, hay un cuadro: es un desnudo con las piernas
entreabiertas: un hombre que al parecer se está tocando los genitales.
A primera
vista, el cuadro resulta deliciosamente erótico: dos mujeres jóvenes, desnudas
y bellas, se tocan. No es exagerada la anécdota que cuentan algunos visitantes
del Louvre en el sentido de que, cuando están frente a este cuadro, el deseo
erótico los posee. A principios de los 1700’s, Pierre de Bourdeille refiere que
una mujer perdió el control cuando vio esta pintura y urgió al hombre que la
acompañaba a tener sexo inmediatamente.
Así vista, la
pintura parece estar orientada hacia la homosexualidad femenina. No sabemos
quién realizó este cuadro, sólo que fue un francés y que la pintura se ajusta a
los cánones de la llamada Escuela de
Fontainebleau. Podemos suponer que el pintor era zurdo, y que esta obra de
algún modo es un homenaje a los zurdos: la duquesa toca el pezón de su hermana
con la mano izquierda; Gabrielle sostiene el anillo con la mano izquierda; la
mujer que cose lo hace con la mano izquierda.
En aquella
época se pensaba que ser zurdo era un defecto que podía solucionarse obligando
a quien lo padecía a usar la mano derecha, de tal suerte que muchos zurdos
terminaban siendo ambidiestros. En este cuadro el pintor quizá esté disfrutando
una pequeña venganza contra esas prácticas.
La
interpretación académica del propio Museo del Louvre es esta: el cuadro
representa la gravidez de Gabrielle d’Estrees. El hecho de que su hermana le
pellizque el pezón es signo de ello. Además, la mujer al fondo cose una ropa
para el futuro bebé. El anillo que Gabrielle sostiene es la prenda de amor que
le dio su amante el rey.
El cuadro fue
adquirido por el Louvre en una fecha tan tardía como 1937, poco antes de
estallar la segunda guerra mundial. Pasó por varias manos y, créanlo o no,
estuvo colgado en una pared del cuartel principal de la policía, en París,
durante muchos años y, como resultaba un poco obsceno a ciertas susceptibilidades,
fue tapado con una tela para que nadie lo viera; así estuvo años.
Espero que
disfruten esta deliciosa obra. Quizá la interpretación académica sea la
correcta, pero yo me quedo con las connotaciones eróticas y con el hecho de que
este cuadro se ha erigido en icono de la cultura lésbica. Viva la diversidad.
Los fantasmas de Francesca y de Paolo aparecen ante
Dante y Virgilio, en el Infierno
Autor: Ary Scheffer (1795-1858)
Óleo sobre tela
Dimensiones: 171x239cm
Residencia: Louvre, París
Hay tres grandes amores
imposibles que acabaron en tragedia, en la literatura y en el arte occidental:
Romeo y Julieta, Tristán e Isolda y Paolo y Francesca. Abundan obras de arte
inspiradas en estas parejas. Hoy me voy a referir a una de ellas, que pinta el
momento exacto en que los fantasmas de Paolo y de Francesca se aparecen ante
Dante y Virgilio en el Infierno, según narra el canto V de la Divina Comedia.
La historia de Paolo y
Francesca es esta: el padre de Francesca ha concertado el matrimonio de ella
con Giovanni Malatesta, hijo del señor de Rimini. Giovanni es feo y está
deforme, y esto lo sabe muy bien el padre de Francesca. Temiendo que ella
pudiera rechazarlo antes de la boda, se le ocurre que el matrimonio de
Francesca y Giovanni sea por poder (mandato), práctica común en la época. Y quien aparece
en representación del contrayente Giovanni es nada menos que su hermano, el
hermoso Paolo. No hace falta decir que de inmediato los jóvenes se enamoraron. Así las cosas, el matrimonio es contraído y Francesca es
llevada hasta su esposo. La impresión debió ser terrible para la chica. No
debió extrañar a nadie que, tarde o temprano, Francesca y Paolo empezaran a
sostener encuentros sexuales. En uno de estos encuentros fueron descubiertos
por Giovanni, quien, lleno de ira, les mató. Como se trató de un caso flagrante
de adulterio, Giovanni no sufrió ningún castigo. La moral pública hizo de Paolo
y de Francesca moradores del infierno. También Dante colocó a Giovanni en el
infierno (canto XXXII).
Esta historia, a
diferencia de la de Romeo y Julieta y la de Tristán e Isolda, fue verídica. Fue
un caso real que sucedió en Rimini, en la segunda mitad del siglo
XIII, y del cual se tuvo conocimiento público en toda Italia, dada la jerarquía
de los personajes. El acontecimiento fue tan escandaloso que Dante lo incluyó
en su Divina Comedia, compuesta alrededor del año 1300, lo cual significa que,
más de quince años después del asesinato de Francesca y de Paolo, aún se hablaba
del asunto en toda Italia.
Ary Scheffer, pintor
franco-holandés, nos ofrece en este cuadro el momento en que los fantasmas de
Paolo y de Francesca se aparecen ante Dante y Virgilio, según se narra en la
Divina Comedia, Canto V.
Imaginen al infierno como
un cono compuesto por nueve círculos o capas, el primero de los cuales es el
más ancho y el noveno conforma la punta del cono. El infierno empieza con el
Limbo, en ese primer círculo, y va bajando hasta la punta. Conforme los pecados
son más graves, los pecadores van ocupando los círculos más profundos:
Círculo 1: Limbo
Círculo 2: Lujuria
Círculo 3: Gula
Círculo 4: Avaricia
Círculo 5: Ira
Círculo 6: Herejía
Círculo 7: Violencia
Círculo 8: Fraude
Círculo 9: Traición.
No voy a explicar cada uno
de estos círculos, porque me saldría de tema. Solo diré que la lujuria es el
menos grave de los pecados que se castigan en el infierno, según la visión de
Dante. La lujuria consiste en que la concupiscencia toma el control de la razón
y hace que el hombre sólo viva para el placer carnal. El castigo, en la
cosmovisión medieval que Dante expone magistralmente en la Divina Comedia,
consiste en que las almas de los condenados son arrastradas sin rumbo por
tremendos vientos. Así como la razón es arrastrada por el impulso de la
concupiscencia, así el alma es arrastrada eternamente por este viento. Por ello
en el cuadro de Scheffer los amantes aparecen volando, como claramente se
aprecia en el pelo de Francesca.
La borrasca infernal,
que nunca cesa,
en su rapiña lleva a
los epíritus;
volviendo y golpeando
les acosa.
(Infierno, canto V, 31-33)
Pero viéndolo bien, los
amantes no parecen estar sufriendo tanto. De hecho Paolo parece que está en
éxtasis mientras Francesca le abraza, arrobada, embelesada. Y si esto es
correcto, entonces Virgilio y Dante asumen un actitud voyerista. La mirada de
Dante, observen bien, se dirige inequívocamente al derrière de Francesca,
mientras Virgilio, conmovido, se muerde las uñas. Sea como sea, la actitud de
todos es ambigua, pues si para ciertos observadores están sufriendo, para otros
están en éxtasis.
Francesca narra a Dante
cómo fue besada y seducida por Paolo:
Leíamos un día por
deleite,
cómo hería el amor a
Lanzarote;
solos los dos y sin
recelo alguno.
Muchas veces los ojos
suspendieron
la lectura, y el rostro
emblanquecía,
pero tan solo nos
venció un pasaje.
Al leer que la risa
deseada
era besada por tan gran
amante,
éste, que de mí nunca
ha de apartarse,
la boca me besó, todo
él temblando.
Galeotto fue el libro y
quien lo hizo;
no seguimos leyendo ya
ese día.
(Infierno, Canto V, 127-138)
Lancelot besa a Ginebra. Fotograma del filme First Knight.
Resulta que Francesa y
Paolo leían la leyenda de Lancelot y Ginebra. Como ustedes saben, Lancelot
(Lanzarote) sedujo a la reina Ginebra, esposa del rey Arturo. Gallehault
(Galeotto) hace que Lanzarote y Ginebra se reúnan, sin saber que existe amor
entre ellos y sin saber que en ese encuentro harían el amor. Por eso dice
Francesca que “Galeotto fue el libro”, es decir, el libro propició que el amor
se desbocara, primero en un beso, y luego en el acto sexual (“no seguimos
leyendo ya ese día”).
Mientras escribo estas
líneas escucho el imponente poema sinfónico de Tchaikovsky basado en esta
historia. El poema sinfónico lleva por título Francesca da Rimini. Se los
recomiendo ampliamente. Aquí les dejo a Semyon Bychkov dirigiendo a la Royal Academy of Music Symphony Orchestra:
Estoy en medio de una experiencia estética: la música
de Tchaikovsky, el poema de Dante y el cuadro de Scheffer. ¡Qué más puede uno pedir!
Jean Auguste Dominique Ingres, neoclásico y precursor del romanticismo, se encuentra entre los pintores más influyentes y famosos de la Francia del siglo XIX. Nació en 1780 y murió en 1867.
La Bañista de Valpinçon data de 1808, cuando el maestro apenas tenía unos veintiocho años de edad. A pesar de su juventud, Ingres muestra una verdadera maestría en lo que a luz se refiere. ¿Quién iba imaginar que este cuadro sería uno de los iconos del Louvre, y un clásico del erotismo?
Aunque de acuerdo con nuestros parámetros estéticos esta mujer tenga algunos kilitos de más, lo cierto es que nuestra bañista no deja de ofrecernos un momento voluptuoso (en el sentido de voluptas, insisto, no de bolas, por favor). Su espalda iluminada es un derroche de técnica. El turbante y las telas de las sábanas están muy bien logrados. Pero lo más sobresaliente de esta obra es la sensación de que la mujer se sabe observada, lo que contribuye a incrementar el gozo del espectador, quien en última instancia es el intruso.