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lunes, 7 de marzo de 2011

No. 50 A que nadie adivina lo que hay en este cuadro. Magritte: el "giro copernicano" en la pintura.

Título: Lo engañoso de las imágenes.


Autor: René Magritte (belga. n. Lessines, 1898. m. Bruselas, 1967)
Fecha de composición: 1929.
Dimensiones: 60 x 81 cm.
Residencia: Los Angeles County Museum of Art.



Estimados amigos:

En esta ocasión les envío un cuadro de Magritte. Se trata, al parecer, de un pipa. Sin embargo, una leyenda expresa con claridad:
Ceci n’est pas une pipe (esto no es una pipa). Si no se trata de una pipa, entonces ¿qué es?



Me gustaría, si me lo permiten, hacer una especie de juego con ustedes. Observen el cuadro y traten de averiguar qué es. El propio Magritte les advierte que no es -como a todas luces parece ser- una pipa. No obstante, el 100% de la gente que pasa desapercibida la leyenda de inmediato dice: ¡vaya, se trata de una pipa! Pero la verdad es que Magritte tiene razón. Lo que aparece en el cuadro no es una pipa. ¿Entonces qué es?

Sería muy interesante conocer sus opiniones [desde una perspectiva lúdica y de retroalimentación, claro está; y no porque yo quiera indagar sus conocimientos artísticos, lo cual sería ridículo de mi parte]. Así que, si no tienen inconveniente y disponen de unos minutos, envíenme sus interpretaciones. (A mis amigos filósofos, artistas e historiadores del arte les suplico que no vayan a “soplar” la respuesta, si es que la saben).

Les puedo adelantar dos pistas:

  • Primera: el cuadro lleva por título “Lo engañoso de las imágenes”.
  • Segunda: Recuerdan el “giro copernicano”. Nicolás Copérnico descubrió, en la primera mitad del siglo XVI, que la tierra no era el centro del universo, que era uno más de tantos planetas que giraban alrededor del sol. Ahora bien, esto pareció ridículo y hasta ingenuo, pues era más que obvio, para los hombres de esas épocas, que la tierra, de acuerdo con la cosmovisión imperante, era el centro del universo. Pero Copérnico tenía razón. Más tarde, a finales del siglo XVIII, Kant dio el “giro copernicano” a la filosofía. Hasta entonces se daba por hecho que había una “realidad” allá afuera, un “orden” que el intelecto podía conocer. Esto era claro y obvio. Pero Kant se preguntó no por la “realidad externa” que se puede conocer, sino cómo conoce la razón y cuáles son las condiciones y posibilidades del conocimiento; es decir, empezó al revés, por la facultad cognoscitiva. Se dio cuenta que el sujeto es quien da unidad al mundo, y no que dicha unidad pertenezca al mundo como algo suyo. Con esto, cambió radicalmente el curso de la filosofía. Finalmente, en lo que a artes plásticas se refiere, Magritte dio el “giro copernicano”. La concepción del arte cambió completamente, no sé si para bien o para mal, pero cambió.

Quedo en espera de sus valiosas opiniones.

Reciban todos un fuerte abrazo.


VENUS

martes, 1 de marzo de 2011

No. 49. Terrible Sátira de Bacon a Velázquez. Dos pontífices parodiados.

Obra 1.



Título: Retrato del Papa Inocencio X.
Autor: Diego de Silva y Velázquez (Español. n. Sevilla, 1590; m. Madrid, 1660).
Fecha de composición: 1650.
Dimensiones: 139 x 115 cm.
Lugar de Residencia: Galleria Doria-Pamphili, Roma.


Obra 2.
Título: Estudio siguiendo el Retrato del Papa Inocencio X, de Velázquez.
Autor: Francis Bacon (Inglés. n. Dublín, 1909; m. Madrid, 1992).
Fecha de composición: 1953.
Dimensiones: 153 x 118 cm.
Lugar de Residencia: Des Moines Art Center, Iowa.

Queridos amigos:

Hoy tenemos un envío especial, porque no es una obra la que les ofrezco, sino dos. Dos obras que están estrechamente relacionadas; una es sátira de la otra. Se trata del
Retrato del Papa Inocencio X, de Diego Velázquez, pintado en 1650, y del Estudio siguiendo el Retrato del Papa Inocencio X, de Valázquez, de Francis Bacon, obra creada en 1953. El título en inglés de esta segunda obra evitará cualquier confusión: Study after Velázquez’s Portrait of Pope Innocent X.

Más de trescientos años separan estas creaciones. No son simples retratos de un mismo Papa, sino narrativas detalladas de dos épocas: el barroco del XVII y la posmodernidad de nuestros días. Se trata de un pintor español (quizá el artista más universal que ha dado la península ibérica) y de un pintor inglés obsesionado por la distorsión (homónimo del gran filósofo inglés y del personaje principal de la novela
“En busca de Klingsor”, de Volpi). El barroco fue la era de la razón; el siglo XX constituye la apoteosis de la destrucción y de la muerte. El cuadro de Velázquez es una obra maestra del retrato; la pintura de Bacon es una obra maestra de la sátira. ¿Qué nos expresan estos dos cuadros? Aquí el Papa es lo de menos (podría ser cualquier pontífice): realidad y parodia, o tal vez razón y locura, o equilibrio y desorden, belleza y fealdad, majestad y vileza, libertad (fe) y esclavitud (fanatismo); o quizá el orden universal contrapuesto al caos; o la vida y la muerte. No sé.





Y si la cuestión de la identidad del pontífice realmente fuera importante, ¿no se tratará de Pío XII (1953)? Hagan zoom-in en el rostro del papa de Bacon. ¿No parece que la figura usa anteojos? Si esto es cierto, entonces la alusión al papa Pacelli es directa. No dudo que en el Vaticano se hayan expresado palabras de desaprobación ante la obra del artista inglés, dada la mala reputación del pontífice romano (que dicha reputación hubiese sido justa o injusta es una cuestión que yo no puedo juzgar). Es necesario decir que a ambos papas les tocaron tiempos violentos: a Inocencio la Guerra de los Treinta años (tremendo conflicto religioso de envergadura internacional), a Pío la Segunda Guerra Mundial. Ninguno de los dos jerarcas salió bien parado de semejantes conflagraciones. Pero no es mi deseo comentar sobre las controvertidas vidas de estos dos jefes de la Santa Iglesia Católica Romana (especialmente la del segundo). Digamos que uno de ellos tenía la vocación del arte, cosa común –gracias a Dios– entre los papas del renacimiento y del barroco, y un sincero afán para combatir la herejía; y que el otro no pudo ver con claridad el genocidio de los nazis (o tal vez sí lo vio, pero la prudencia le prescribió no actuar enérgicamente para no empeorar las cosas; vaya, lo que quiero decir es que no es fácil para nadie, ni siquiera para el Vicario de Cristo, vérselas con nazis, comunistas y fascistas).

Pero volvamos a los cuadros.

El papa de Velázquez es una obra de la más alta calidad artística, producto de una técnica perfecta y de un dominio total del arte. La mirada majestuosa del pontífice (quien, por cierto, se parece al actor norteamericano Gene Hackman) no nos remite a un siervo de Cristo, sino a un príncipe en toda la extensión de la palabra. La dignidad y nobleza del personaje están fuera de toda duda. En la mano sostiene un papel. Quizá es una alusión a la condena que poco tiempo después (1653) Inocencio formularía en contra de los jansenistas. En todo caso, en la mano tiene el poder de decir qué compagina con Cristo (ortodoxia) y qué discrepa (herejía).

Sus ropajes rojo y blanco, ciertamente comunes en los altos prelados, podrían aludir muy sutilmente a la ruptura del cristianismo. La mirada de Inocencio es severa, escrutadora, llena de virilidad y gallardía. ¿Es la Iglesia que ha resuelto mantenerse fiel a sí misma y no ceder un ápice ante los protestantes, a pesar de que ello implique la destrucción de la cristiandad? El rojo es sangre, el blanco pureza. ¿De qué color es la Iglesia de Cristo? ¿O acaso el pontífice se ve obligado a intervenir en los asuntos mundanos, de tal suerte que a veces es necesario mancharse las manos, situación que debe ser purgada o purificada de inmediato? La entrega pasada Caravaggio nos mostró un Cristo desnudo y flagelado, humillado e indigente. Ahora vemos a su representante como poderoso monarca. Pero, ¿cuál es la esencia del cristianismo?




El papa de Bacon es un fantasma con aspecto de cadáver. No parece estar sentado a sus anchas como el papa de Velázquez, sino más bien parece estar aprisionado por una estrambótica estructura tubular. Es la imagen que transmite el horror del ejecutado en la silla eléctrica. ¿O será una alusión a la mujer del Apocalipsis, aquella que viste de púrpura y monta a la bestia? No quiero ni pensar en la interpretación protestante radical de ese pasaje bíblico, que para muchos católicos sería una monstruosa blasfemia. En fin, la sátira es la forma más característica del arte de nuestros tiempos. ¿Por qué? Ya que la sátira pone sobre la mesa la violación del orden moral, y toda vez que se sirve de la hipérbole en su discurso narrativo, el resultado es lo grotesco. Si examinamos el arte del siglo XX comprenderemos por qué es a veces tan deprimente y crudo. El material que nos ofrece el totalitarismo y la destrucción de la guerra como hechos que violentan el orden moral es de lo más adecuado para romper las formas bellas y transformarlas en lo ridículo y en lo grotesco. La sátira es el exceso, y todo exceso rompe la armonía. La ausencia de armonía es lo que yo llamo fealdad. Por eso Bacon no sólo parodia al papa y a Velázquez, sino que describe nuestros tiempos.

Tenemos, pues, dos visiones de un mismo objeto. Sé que se trata de dos obras distintas, pertenecientes a diversos períodos, y por tanto no susceptibles de ser comparadas; aún así, yo me quedo con Velázquez. De cualquier forma, Bacon dio lugar a comparaciones. Sabía muy bien lo que hacía, y tomó el riesgo.

Disfruten estas espléndidas obras y reciban un afectuoso saludo.


Saludos a todos.
VenuS ReX

miércoles, 16 de febrero de 2011

No. 48 Una obra realizada Ad Maiorem Dei Gloria. Caravaggio sublime!


Título: La Flagellazione di Cristo.
Autor: Michelangelo Merisi da Caravaggio (1571-1610)
Fecha de composición: circa 1607.
Lugar de residencia: Museo di Capodimonte, Nápoles.
 
Queridos amigos:

Si
La Incredulidad de Santo Tomás (envío número 17, http://venusrex.blogspot.com/search/label/Caravaggio) los fascinó, este cuadro de Caravaggio los dejará sin habla. La Flagelación de Cristo es, en efecto, sobrecogedora, magnífica, excelsa. Cuando alguien intenta describir tanta belleza, se da cuenta de la insuficiencia del lenguaje. Por eso en ocasiones es mejor callar. No hay palabras adecuadas.



Disfruten al máximo esta obra inmortal. Es de las pocas de las que verdaderamente se puede decir que fueron creadas “para mayor gloria de Dios” (ad maiorem Dei gloria!)

[En otra ocasión comentaré algo sobre la vida de este genial artista italiano, uno de los primeros en ser llamados malditos; en el sentido del artiste maudit o del accursed artist, por supuesto].

VENUS ReX

Y no dejen de visitar el Café Barcelona



lunes, 31 de enero de 2011

Niebla. Mood poético en esta última noche de enero.


Este es un viejo poema, de mis veintitantos. Queda muy bien para la última noche de enero. Saludos.


Niebla 

La niebla es espesa y húmeda.
Se escurre como agua helada
sobre las calles de una ciudad
que ya no duerme.
Entre las tinieblas
se pierden las miradas
de los animales presos,
hasta que los ojos se cierran
en la noche.
La respiración se agota
entre sollozos amargos que laceran...
El corazón palpita desbordado
las últimas gotas de su sangre...
La niebla lo cubre todo,
es espíritu infinito.
Recoge el alma con un soplo
que la funde en la humedad gris
de la eternidad inalcanzable...

Ilustro este poema con esta magnífica foto de la artista ukraniana Brusnika. http://brusnika-girl.deviantart.com/art/horror-nude-girl-120199443


No. 46 Meditaciones sobre la Historia de Italia. Fe, razón y un poco de erotismo, italian style.

Título: Meditaciones sobre la Historia de Italia.
Autor: Franceso Hayez (italiano, 1791-1881)
Fecha de composición: circa 1850.
Dimensiones: 90 x 70 cm.
Lugar de residencia: Italia, colección privada.



Estimados amigos:


Hegel
Hoy quiero compartir con ustedes una obra del pintor italiano Francesco Hayez: Meditaciones sobre la Historia de Italia, realizada alrededor de 1850. La obra en sí misma es bella y provocativa, para no hablar de voluptuosidades y cosas similares; pero lo que me asombra es la forma en que muestra una doctrina filosófica: el historicismo hegeliano.

Aunque muchos de mis amigos son filósofos profesionales, otros muchos no lo son, de manera que convendría decir unas pocas palabras al respecto: concibamos al “espíritu universal” como el héroe de una novela romántica (ver la explicación de Dietrich Schwanitz, La Cultura, Taurus, Madrid, 2002, páginas 160 y 161). El héroe está lleno de contradicciones, y al principio ni siquiera es capaz de entenderse a sí mismo; digamos que no posee autoconciencia. Pero en la medida que la novela avanza (y aquí la novela es la Historia Universal), el héroe va superando sus contradicciones y alcanza una mejor auto-comprensión. Digamos que disuelve las contradicciones hasta lograr la autoconciencia total: tesis, antítesis y síntesis. En una visión tal, el Espíritu Universal, que toma conciencia de sí mismo y se despliega en la Historia, alcanza grados más sublimes de perfección, hasta que en un momento dado logra llegar a la síntesis última. Grosso modo, esta es la visión romántica de la Historia: las cosas no van tan bien como quisiéramos, pero cada vez irán mejor: ¡la historia nos conduce a la salvación!

¿Qué tiene que ver todo esto con un pintor italiano poco conocido? Observen el cuadro: una mujer sentada muestra su seno desnudo; en la mano izquierda sostiene un cruz y en la derecha un libro: Historia de Italia (hagan zoom-in en el libro y verán). De entrada, sin ahondar en simbolismos, el cuadro es tan provocativo que incluso llegaría a ser, para ciertos sectores, hasta irreverente, ofensivo y blasfemo (algo así como el Padre Amaro): ¡un pecho desnudo cerca de la cruz! ¡Una muchacha tan bella que haría pecar a un santo! Las cosas no son tan graves como parecen. El seno desnudo es símbolo de Verdad, la cruz simboliza la Religión, y el libro simboliza la Historia. No es otra cosa que el conocido triángulo amoroso: verdad, fe y razón. Veamos las posibles interpretaciones:

Primera: En el estilo hegeliano diríamos que el espíritu universal está a punto de alcanzar la síntesis última (¡vaya síntesis!), luego que dejó atrás los prejuicios religiosos. ¡Parece que la cruz se le va a caer a la chica de las manos! A fin de cuentas, la Historia deviene mesiánica, a pesar de que la razón se opone a la fe. ¡Vaya paradoja!

Segunda: Un poco naive: La historia de Italia no podría entenderse sin la religión católica; lo cual desde luego es cierto. Italia es la tierra de los papas, y éstos son amigos –y en ocasiones amantes– de la verdad.

Agreguemos algunas más (Rauch, Alexander, La pintura Europea entre dos revoluciones, en Neoclasicismo y Romanticismo, Könemann, páginas 418-419): “¿Opone Hayez en este cuadro la verdad a la fe o sitúa la historia entre la fe y la verdad? ¿Presenta el pecho semidesnudo porque el hombre sólo es capaz de captar a medias la verdad entre la ciencia y la fe? [...] ¿Expresa su mirada -un tanto estrábica, diría yo- la dificultad de decidir entre la fe y el conocimiento, entre la religión y la ciencia? ¿No es incluso una alegoría de la Italia del siglo XIX?”

Vean el cuadro y díganme con cuál se quedan ustedes. Yo me quedo con la chica.

Reciban todos un fuerte abrazo.
Y no se olviden, amigos míos, amantes del vino y las cosas buenas, de ir al Barcelona, en Michoacán 151, Condesa.
Venus ReX


martes, 25 de enero de 2011

No. 45 Esperanza Frustrada. Un Dios que no se conmueve ante las oraciones. Friedrich.

Título: Mar Glacial o Esperanza Frustrada.
Autor: Caspar David Friedrich (alemán, 1774-1840).
Fecha de composición: 1824.
Dimensiones: 96.7 x 126.9 cm
Residencia: Kunsthalle, Hamburgo.

Queridos amigos:

Desde épocas inmemoriales el barco ha sido considerado como uno de los símbolos de la vida. En este cuadro de Friedrich (1774-1840), tal vez su obra más famosa, vemos el pesimismo del romanticismo: el hombre indefenso ante las fuerzas naturales, un mundo que ha abandonado la esperanza, un Dios que no se conmueve ante las oraciones, el hombre impotente ante la muerte; “El audaz intento del hombre por superar los límites del espacio vital que le ha sido asignado concluyó en el ámbito de la muerte” (Alexander Rauch, La Pintura Europea entre dos Revoluciones, en Neoclasicismo y Romanticismo, Könemann, Colonia, 2000).

El Mar Glacial, también conocido como Esperanza Frustrada, pintado en 1824, nos muestra la reacción romántica en contra del iluminismo. La Ilustración del XVIII confió ciegamente en la razón y la deificó. Pero aquí vemos a la razón y al hombre despedazados por la naturaleza. ¡Vaya forma de poner al hombre en su lugar!

Ojalá disfruten esta espléndida obra. No dejen de ir a mi Bar. Saludos.

VENUS ReX

lunes, 17 de enero de 2011

No. 44 Saturno devorando a sus hijos. Goya.

Título: Saturno devorando a su hijo.
Fecha de composición: 1820.
Pintor: Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828).
Medidas: 146 x 83 cm.
Residencia: Museo del Prado, Madrid.


Estimados amigos:

Las “pinturas negras” tal vez sean las obras más geniales de Goya. Estas obras también son conocidas como las pinturas de la “Quinta del Sordo” (no confundir con la Quinta Sinfonía de Beethoven, que a fin de cuentas también es la “Quinta del Sordo”), porque, como ustedes sabrán, Goya padeció sordera, además de haber comprado una quinta de descanso a las afueras de Madrid, justo a orillas del Manzanares.

Beethoven
Goya


Pues bien, en esta quinta había dos grandes salas (recordemos que nuestro pintor fue un hombre rico –el arte ya dejaba lo suyo, y lo mismo puede decirse de Beethoven) que fueron decoradas con las famosas “pinturas negras”, catorce en total, fruto del extraño y perverso amalgamiento de locura y genialidad. Ahora les presento el Saturno devorando a su hijo, remembranza del horror arcaico.

El mito dice que Saturno (en griego Crono) castró a su padre, Urano. Temeroso Crono de que a él pudiera ocurrirle algo semejante, devoraba a sus hijos en cuanto nacían. Horrible suerte sufrieron Hestia, Deméter, Hera, Hades y Poseidón. La madre Rea, cansada de su marido (quien además era su hermano), decidió salvar al nuevo bebé, ni más ni menos que el poderoso Zeus. Ofreció, pues, una piedra al terrible Cronos y éste la devoró pensando que se trataba de su hijo. Zeus fue ocultado y protegido, y con el tiempo creció y se hizo fuerte, hasta que llegó el día de la venganza. Después de beber una pócima, Crono vomitó ilesos a sus hijos. Hubo una guerra, y Zeus, victorioso, instauró el nuevo orden universal.

No hay que extrañarse de Freud cuando nos brinda horrendas explicaciones sobre el origen de la religión, teniendo en cuenta que analizaba y estudiaba estos mitos. Por su parte, Goya nos muestra ese lado oscuro de una humanidad que, para nuestra sorpresa, no ha cambiado mucho desde los viejos tiempos. Los monstruos nunca desaparecen.

Grabado de Goya
¿Qué significa este cuadro? ¿Una alusión a la Inquisición? ¿Un crítica del absolutismo? ¿La razón devorado a sus hijos? Porque en 1820, fecha de composición de esta obra, Fernando VII (el peor rey que ha tenido España) ya estaba en el trono, y con él de vuelta el Absolutismo y la Inquisición. El sueño del iluminismo terminó devorando a sus propios hijos, a través de la guillotina. Goya nos muestra que la razón crea monstruos.

Espero que disfruten esta genial obra. Otro día diré algunas palabras sobre los paralelismos entre Goya y Beethoven, quienes, por cierto, fueron contemporáneos, aunque nunca se conocieron. Pero esta es otra historia.

Reciban todos un saludo afectuoso.

VENUS ReX


lunes, 10 de enero de 2011

No. 43. Alegoría de la Lujuria. Cuadro explícito, pero moralizante. Bronzino.


Título: Alegoría de la Lujuria
Autor: Bronzino (italiano).
Fecha de composición: circa 1545.
Medidas: 146 x 116 cm.
Residencia: National Gallery, Londres.



Queridos amigos:

La Alegoría de la Lujuria (pintado hacia 1545) es un cuadro lleno de símbolos. El cuadro, cierto, es explícito, deja poco a la imaginación, pero pretende ser al mismo tiempo moralizante; no mera apología o exaltación del sexo.

En el cuadro, Venus y Cupido se besan e inician los preparativos del placer. La diosa tiene en la mano un fruto, representación de la tentación. Su cuerpo está relajado, es casi flotante; extraña languidez que anhela y se deja ir: la diosa está entregada. La contorsión de Cupido es bastante clara y no requiere ninguna palabra.




Veamos ahora los otros elementos: Un niño risueño, Placer, celebra la unión de los amantes y se dispone a cubrirlos con los pétalos que lleva en las manos. Atrás se encuentra una niña de rostro angelical y cuerpo de reptil (observen las escamas). En la mano derecha lleva un panal de miel que ofrece a los amantes (quienes, por lo demás, están tan estregados que ni la ven), mientras en la izquierda sostiene el aguijón de un alacrán. Este monstruo es la representación del Engaño.


Detrás de los amantes, del lado izquierdo, hay una figura que grita y que padece un terrible dolor. Se trata de Sufrimiento, que en este caso advierte al observador los peligros de las enfermedades venéreas (es decir, enfermedades de Venus). 



Las máscaras, debajo de Placer, son los rostros de una ninfa y de un sátiro, y representan el desenfreno (e incluso la violación), pues, como es sabido, los sátiros son depredadores sexuales y las ninfas generalmente son sus víctimas.

Por último, en la parte superior del cuadro vemos un anciano y una figura que sostiene en sus manos un velo azul. Se trata de Tiempo y Olvido. Hay que notar cómo Olvido intenta ocultar el acto, tarea que le impide Tiempo.


A fin de cuentas, el cuadro no es tan licencioso como se ha supuesto. Todo lo contrario. Bronzino (1503-1572), su autor, ha querido advertir al observador los peligros de la concupiscencia.

Reciban todos un cordial saludo.


Venus ReX

martes, 4 de enero de 2011

No. 42 Hacer el amor agota a los hombres, pero refresca a las mujeres. Erotismo renacentista.


Autor: Sandro Botticelli
Nacionalidad: Italiano
Fecha de composición: 1483
Dimensiones: 173cm x 69cm
Sede: National Gallery, London

Estimados amigos:

Venus y Marte es la obra que ahora les presento. Su autor es un viejo conocido nuestro: Sandro Botticelli, y esta pieza fue realizada alrededor del año 1483. Se trata de una alegoría mitológica cuyo indiscreto tema sirve para celebrar bodas. En efecto, todo parece indicar que esta obra se pintó como presente de una boda; de ahí su deliciosa picardía y sus connotaciones eróticas.



El cuadro muestra a Venus, la diosa del amor, y a Marte, el dios de la guerra, luego de haber compartido los placeres del lecho. Ella está despierta y observa al amado con cierta serenidad. Él, por su parte, está exhausto, como muerto, tanto que ni las travesuras de los sátiros (uno de ellos sopla el caracol en la oreja del dios) ni las avispas que vuelan alrededor de su cabeza son capaces de interrumpir el dulce sueño. Dicen por ahí que “hacer el amor agota a los hombres pero refresca a las mujeres” (Erika Langmuir, a propósito de este cuadro, en Obras Maestras de la National Gallery, Londres, 2001). Cierto. Más aún, el amor todo lo conquista. El amor es más fuerte que la guerra.





Lo más sobresaliente del cuadro, lo que realmente es un derroche de belleza, es el rostro de la diosa. Algunos investigadores sospechan que se trata de Simonetta Cataneo, esposa de Marco Vespucci, amante de Giuliano de’Medici (hermano del mismísimo Lorenzo); y su constante aparición en obras de Botticelli ha hecho suponer a muchos que algún estrecho vínculo debió existir entre esta bellísima mujer y el gran pintor. Sea como fuere, lo cierto es que esta mujer se ha convertido en el prototipo de la belleza renacentista. Y no es para menos. Hagan zoom-in en el rostro de la diosa y compruébenlo ustedes mismos.





Ojalá disfruten este espléndido cuadro.

VENUS ReX