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lunes, 10 de septiembre de 2012

Klimt: Dánae. El orgasmo como obra de arte.

Título: Dánae


Autor: Gustav Klimt


Fecha: 1907


Dimensiones: 77 x 83 cm


Residencia: colección privada



Escena del film "Clash of the Titans": Dánae amamanta a Perseo.
Muchos conocen el film “Clash of Titans”, de 1981, protagonizado por sir Lawrence Olivier. Y si no están familiarizados con esta película, tal vez sí conozcan el remake que en 2010 realizó la Warner Bros. 

Sir Lawrence Olivier como Zeus
El tema es el mito de Perseo: el rey de Argos es informado por el oráculo que el hijo de su hija le matará y entonces no tiene más remedio que encerrar a Dánae, su hija, en un calabozo o torre de bronce. La mujer es hermosa –su tío alguna vez yació con ella– y Zeus, muy sensible a la belleza, no puede resistir la tentación. Para unirse sexualmente a ella, el dios se convierte en lluvia de oro, la penetra y juntos conciben a Perseo. Al nacer, el rey, temeroso del oráculo y creyendo que el padre es su hermano y no Zeus, introduce a su hija y a su nieto en una arca y los lanza al mar. Claro, Zeus no podría dejar abandonado a su hijo y a su amante, así que pide a Poseidón, dios del mar, que los conduzca a tierra sanos y salvos. Y el mito sigue y, como es normal, el oráculo se cumple. 

Lo que me interesa destacar es el momento en que Zeus se une con Dánae: la lluvia de oro. El erotismo es muy potente y explícito. ¿Por qué se ha convertido el dios en lluvia de oro? ¿Tiene esto alguna connotación que deba leerse entre líneas?

En los albores de la civilización griega existió un ritual a través del cual había una unión simbólica entre el sol y la luna. Este ritual debió practicarse con la unión sexual de un hombre, que representaba al sol, y una mujer, que representaría a la luna. De esta unión nacía el año nuevo. Este ritual seguramente persistió y se fue incorporado en el mito de Perseo: Zeus se convierte en la lluvia de oro, es decir, el sol, y fecunda a la luna, Dánae.

El momento que pinta Gustav Klimt (fundador de la Secesión vienesa) es el más intenso. Si observan con atención, la mujer está en total éxtasis: su pezón está erecto, su rostro revela arrobamiento y los dedos están contorsionados a causa de las sensaciones, todo ello en el momento en que la lluvia de oro, torrente líquido que contiene la semilla de la vida –observen los motivos blancos–, se vierte y llena su sexo. 

Dicho en otras palabras, Klimt nos regala ese raro momento en donde los dos participantes de la relación sexual coinciden en la culminación: él eyaculando y ella experimentando un tremendo orgasmo, instante único de amor y de placer que los hace Uno y los aproxima a la divinidad. Klimt es un verdadero maestro del erotismo.

Y ya ni hablar de las posibles connotaciones urinarias –golden rain, golden shower– de las que, sin lugar a dudas, el pintor vienés tendría conocimiento. Pero esto ya es especulación.
Los invito a que disfruten esta magnífica obra de arte.

Un abrazo a todos.
Venus ReX

lunes, 20 de agosto de 2012

Esoterismo y estupidez nazi

Cápsula Histórica
Esoterismo y estupidez nazi

Mujer rusa en las tradicionales inmersiones invernales

Sitio de Leningrado
Mucho se ha comentado sobre el efecto que tuvo el frío en los inviernos de 1812/13 y 1941/42 para arruinar las invasiones a Rusia por parte de Napoleón y de Hitler. Y es verdad: el frío fue el principal aliado ruso y un mortífero enemigo de los invasores. Pero además de esto, hay que agregar, en el caso de la invasión nazi, la extrema pobreza de juicio de Hitler. 

Hanns Hörbiger
Según la extravagante y totalmente desatinada doctrina del pseudo-científico austriaco Hanns Hörbiger, existían ciclos o eras lunares, y el universo entero podía explicarse en términos de una lucha epopéyica entre el fuego y el hielo. También habló sobre la superioridad aria y vaticinó que Hitler inauguraría la nueva era de los súper hombres. La censura nazi –Hitler, Goebbels, Himmler y los principales jefes nazis se creían estos sinsentidos– promovió en las universidades la “ciencia horbigeriana”, una ciencia aria, pura, incorrupta, superior, y la confrontó con la ciencia liberal judía, a la que consideraba decadente, corrupta, falsa y equivocada. Los “científicos” horbigerianos anunciaron, sin ningún fundamento, que el invierno de 1941/42 sería especialmente benigno, “porque la era del fuego estaba por comenzar”. Hitler, que se creía ciegamente esta epopeya de la lucha entre el hielo y el fuego, se vio a sí mismo como aquel que inauguraría el nuevo ciclo: el ejército nazi incendiaría a Rusia entera. Sin ningún fundamento Hitler creyó en el pronóstico de un suave invierno. La historia la sabemos: la invasión de Rusia fue el inicio del fin. Ahí se decidió la guerra en favor de los aliados.
 
Soldados nazis a las afueras de Kiev


 


 

Nazis en la URSS
Pauwels y Bergier refieren en “Les matins des magiciens”, libro de culto de los años 60, una extraña ceremonia realizada a principios de la primavera del 42 por miembros de la SS en la cumbre del monte Elbruz, montaña sagrada de los arios: los SS plantaron la bandera de la cruz gamada según el antiguo rito de la Orden Negra, y supuestamente ello sería el principio de la nueva era. “A partir de entonces –explican Pauwels y Bergier-, las estaciones obedecerían y el fuego vencería al hielo por muchos milenios.” 
Soldados nazis se rinden a los soviéticos

Fue la ciencia judía liberal la que finalmente se impuso y ganó la guerra. Y qué bueno que así fue. Reciban todos un saludo.
Venus Rex

lunes, 30 de julio de 2012

La Piedad, de Miguel Ángel


Desde el momento en que Michelangelo Bounarroti creó La Piedad, a los veinticuatro años de edad, desde ese momento alcanzó la inmortalidad.

Título: Pietà
Autor: Michelangelo Bounarroti (italiano; n. 1475 – m. en 1564)
Fecha de creación: 1498-99
Dimensiones: 174 x 195 cm
Material: mármol
Lugar de residencia: San Pedro, Vaticano

 



Fotograma del film de Mel Gibson
Estimados amigos:

“La Pasión de Cristo”, de Mel Gibson, puso al Redentor como la figura del momento en los medios de comunicación. Como creyente que soy, esta idea no deja de tener cierta dosis de ironía, pues parece que ni lo divino escapa al poder de la publicidad. A fin de cuentas, todo es cuestión de mercadotecnia. Alguien ganó mucho dinero con ese film.

El quid es que este fenómeno mediático me da ocasión de compartir con ustedes una obra escultórica de inusitada belleza. Me refiero a “La Piedad”, de Miguel Ángel. ¡Qué obra! Imaginen a un joven de veinticuatro años que es capaz de crear estas maravillas. Francamente impresionante. Esto me hace recordar mis veinticuatro, hace ya dieciocho años (tengo cuarenta y dos), y me sume en una reflexión inquietante: si Bounarroti hubiese muerto a los veintiséis, de todos modos lo consideraríamos uno de los más grandes genios de la humanidad; su existencia no habría sido en vano. Por el contrario, si yo hubiese muerto a los veintiséis, lo más probable es que el mundo no hubiera perdido gran cosa. Así de descarnada es la comparación. Cuando vi esta obra por primera vez en Roma, hace ya mucho tiempo, sufrí el Síndrome de Stendhal.

 
Beethoven

Claro que los Miguel Ángel o los Leonardos no se dan en “serie”, como si se tratara de televisiones Samsung. Esta clase de hombres –y me permito citar palabras del gran Ludwig [por supuesto, van Beethoven]– son néctar precioso que se brinda generosamente a los mortales, regocijo de la humanidad
.

 


Insisto en que, de todas las actividades humanas, las más grandes y excelsas son el arte, la filosofía y la ciencia, y de estas tres estoy convencido que la primera goza de preeminencia. Creaciones como esta “Piedad” son prueba de ello. ¿Quién sería capaz de observar esta obra y no conmoverse? Una piedra. ¿Quién sería capaz de observar esta obra y afirmar que el mundo es absurdo? Un nihilista. En cierto sentido, esta “Piedad” habla por todos los hombres. Nos dice: “¡No todo está perdido! ¡Si los humanos somos capaces de esto, entonces hay esperanza!”

Alejandro VI
Esta obra fue encargada por el cardenal Bilhéres de Lagraulas, embajador francés en la corte del papa Borgia (algo bueno debía salir de esa terrible corte papal). Desde ese momento, a los veinticuatro años, Miguel Ángel alcanzó la inmortalidad.

Un abrazo muy grande para todos.

VENUS Rex

lunes, 16 de julio de 2012

¿Dios creó el mundo, o fue el Demonio?


Cápsula Filosófica No. 4
¿Dios creó el mundo, o fue el Demonio?
El beso del vampiro, de Boris Vallejo
El mundo sensible resulta tan imperfecto y tan lleno de miseria, que uno se pregunta si realmente es la obra de un Dios perfecto y todopoderoso.
Platón no concebía cómo Dios pudiera crear tanta fealdad, de modo que simplemente negó que el mundo sensible proviniera de la Idea Absoluta de Bien. Entonces habló del demiurgo

Para algunas corrientes gnósticas, el demiurgo es Yahvé, dios del antiguo testamento, a quien conciben como un ser despiadado, cruel, celoso y vengativo. Creó el mundo como parodia del mundo espiritual creado por Dios. Cuando Satán intentó advertir a los hombres, a través de la figura de Adán, que estaban sirviendo al demonio, Yahvé se dio cuenta, se vengó de Satán y castigó severamente al hombre.
Estas ideas podrían parecer descabelladas, pero nos remiten al problema filosófico del mal, que abordaré más adelante. Por ahora que baste con citar a Schopenhauer: 

Si Dios ha hecho este mundo, yo no quisiera ser Dios. La miseria del mundo me desgarraría el corazón. 

 O esta otra: 

Si nos imaginamos la existencia de un demonio creador, hay derecho a gritarle, enseñándole su creación: "¿Cómo te has atrevido a interrumpir el sacro reposo de la nada, para hacer surgir tal masa de desdichas y angustias?"
Reciban todos un abrazo, pero no de este vampiro.
Venus ReX

viernes, 29 de junio de 2012

Alessandro Baricco, Seda. Amor francés, Erotismo japonés

Seda
Alessandro Baricco
Grupo Editorial Norma, 125 p.
Calificación: 

Edición española de Anagrama


 No pierdas tu tiempo
 Solo para fans del autor o interesados en el tema
 Vale la pena leerlo
 Muy recomendable
 Absolutamente imprescindible

Seda es una novela corta, o cuento largo, muy célebre; se lee en menos de hora y media. Fue escrita por Alessandro Baricco en 1996. Es la obra más conocida de este destacado autor italiano, y a ella le debe su fama internacional. La novela ha sido traducida a varios idiomas, incluidos, desde luego, inglés, francés, alemán, español y portugués. Existe una versión cinematográfica de 2007, del director francés François Girard, protagonizada por Michael Pitt, Keira Knightley, Alfred Molina y Miki Nakatani.

Los temas
Seda es una novela erótica. El tema principal es el deseo y la obsesión. Pero también es una novela de amor; de amor a prueba de todo. Por un lado, el protagonista está obsesionado con la concubina de un cacique japonés. Por otro lado, la esposa del protagonista no dejará de amarle y le dará una prueba de amor impresionante.

Personajes principales
Hervé Joncour, joven comerciante de seda.
Hélène, esposa de Joncour.
Baldabiou, líder de los sericultores de Lavilledieu.
Hara Kei, cacique japonés, contrabandista de seda.
Una mujer, concubina/amante de Hara Kei, y de la cual nunca sabemos su nombre.

Argumento (La novela en unas cuantas líneas)
Edición italiana
Lavilledieu es una pequeña localidad francesa que vive casi totalmente de la sericultura. Los huevos del gusano de seda son importados desde Siria y Egipto, hasta que una plaga obliga a los sericultores a buscar seda en Japón. Hervé Joncour hace el viaje y conoce a Hara Kei, contrabandista de seda. Hervé Joncour queda totalmente impresionado por la belleza de la joven amante/concubina de Hara Kei. Entre Joncour y la mujer surgirá un deseo erótico. Un folio que ella le entrega lo insta a volver. Está obsesión llevará a Joncour varias veces de regreso a Japón, aún cuando ya no sea necesario traer huevos desde allá. Hélène sutilmente se dará cuenta de que algo mueve y obsesiona a su marido. Después del cuarto viaje, Joncour recibe una carta escrita en caligrafía japonesa. Más tarde muere Hélène. Joncour recurre a una japonesa (la misma que antes le tradujo el folio que lo instaba a regresar a Japón) para que le traduzca la carta. Se trata de una carta de amor, llena de pasión y erotismo, que revela un amor inmenso. Joncour se da cuenta que la carta fue escrita por Hélène y no por la misteriosa concubina de Hara Kei.
Las acciones principales tienen lugar entre 1861 y 1865, aunque los hechos se expanden y tienen repercusiones hasta finales de ese siglo.

Análisis y reflexiones

Foto de la película "Silk", de François Girard

La historia comienza con la introducción del personaje principal y una referencia temporal: es 1861, Flaubert escribe y Lincoln sostiene una guerra; Hervé Joncour tiene un oficio extraño: compra y vende gusanos de seda. Joncour vive en Lavilledieu y está casado con Hélène. Todos los años Joncour realiza una travesía: parte en enero rumbo a Siria y Egipto, compra los huevos de gusano y vuelve a principios de abril, deja los huevos a punto, listos para la venta, y descansa el resto del año. Digamos que es una vida bastante regular, sin sobresaltos, o, como escribe Baricco con gran belleza poética, Jancour es “uno de esos hombres a los que les gusta asistir a su propia vida, considerando impropia cualquier ambición de vivirla.”


“Se habrá notado que ellos observan su propio destino del modo en que la mayoría suele observar un día de lluvia.” (p. 11)


Esta rutina se verá rota por una epidemia que causará estragos en el mundo de la seda. Lavilledieu es una pequeña localidad que vive casi por completo de este producto, así que la epidemia la pone en jaque. La preocupación es grande entre los mercaderes. El líder de ellos, quien en su momento inauguró este comercio y transformó la vida de la localidad, Baldabiou, sabe que, dado que Japón es una isla, los gusanos allá no han sido contaminados, de modo que sería posible traer huevecillos desde aquella lejanísima tierra y salvar así la actividad económica principal de la ciudad.

Edición en portugués
La introducción de Baldabiou es por demás pintoresca. Baricco refiere la anécdota según la cual, veinte años atrás, el inquieto personaje se presentó en la oficina del alcalde con una bufanda de seda y le preguntó que si sabía qué era eso. El alcalde, naturalmente, dijo que eran cosas de mujeres; pero no, Baldabiou sabe que es dinero, cosas de hombre. Pasados siete meses, Baldabiou regresó y puso treinta mil francos sobre la mesa del alcalde, quien dijo, al ser cuestionado, que eso era plata. Baldabiou dice: “se equivoca. Es la prueba de que usted es un pendejo.” Así es como la apacible Lavilledieu adopta el negocio de la seda.

Hay, pues, una epidemia en los huevos de Siria y Egipto. Hay que traerlos de otro lado. Los comerciantes de Lavilledieu no tienen la menor idea de qué es ni dónde está Japón. Está hasta el fin del mundo, dice Baldabiou. La única manera en que pueden sobrevivir estos comerciantes es trayendo los huevos desde allá. Además, la mejor seda, la más bella sobre el planeta, es, sin duda, la japonesa. De nuevo la imagen poética es sobresaliente:


“Una vez había tenido entre los dedos un velo tejido con hilo de seda japonés. Era como tener entre los dedos la nada.”


Japón está aislado. ¿Quién hará el trabajo de contrabandista? Naturalmente Joncour. Los comerciantes se organizan y reúnen el dinero necesario para la expedición. Joncour se despide de su mujer –de voz bellísima, dice Baricco- y sale de la ciudad el día 6 de octubre. La ruta, que se repetirá en varias ocasiones, es esta: frontera francesa, Württemberg, Baviera, Austria, Viena, Budapest, Kiev, estepa rusa, montes Urales, Siberia, lago Baikal, frontera china, Sabirk en el Pacífico, Cabo Teraya en Japón, Ishikawa, Toyama, Niigata, Fukushima y Shirakawa. Enorme viaje. Joncour cumple su misión y se dispone a regresar de inmediato a Francia, pero alguien lo detiene. Un tal Hara Kei desea verlo.

Hara Kei es una especie de cacique, de contrabandista y de señor de la seda, de modo que quien quisiese sacar huevecillos del Japón, necesariamente tendría que tratar con él. La escena del encuentro es fantástica: una mujer muy joven junto a Hara Kei, como una especie de gata a la que se acaricia y que posa su cabeza sobre el regazo del amo, es el signo de poder de aquel cacique. Las miradas de la mujer y de Joncour se cruzan y crean en el lector una muy sutil y fina atmósfera erótica: los ojos de ella se clavan en los de él, “con una intensidad desconcertante” (p. 30). Casi podría decirse que Baricco escribe como si fuera un autor japonés, con esa economía de palabras, con esa riqueza de imágenes, y dejando mucho a la imaginación del lector.


“Volvió a apoyar la cabeza sobre el regazo de Hara Kei. Los ojos abiertos, fijos en los de Hervé Joncour.” (p.32)


Hara Kei advierte a Joncour que los huevos que lleva son de pez, y que no valen nada. Quizá por eso el francés ha pagado con oro falso, ríe el cacique. Sin embargo harán trato. Joncour se llevará huevos genuinos y una vez que salga de la isla pagará a Hara Kei. Fin del encuentro.


“La última cosa que vio [Joncour], antes de salir, fueron los ojos de ella fijos en los suyos, perfectamente mudos.” (p, 34)


Edición en inglés
El viaje es un éxito. Los huevos resultan ser maravillosos y la producción de seda de ese año en Lavilledieu es más que sobresaliente. El mismo Joncour se ha hecho rico y ha comprado tierra. A principios del otoño, en octubre de 1862, Joncour vuelve a Japón. Se encuentra con Hara Kei y la enigmática mujer en un bosque, junto a un lago. A lo lejos, las miradas de la mujer y del francés se cruzan de nuevo. Al parecer entre ellos está creciendo un impulso erótico que no podrán contener. Unos pasos más por el sendero, Joncour llega a donde Hara Kei. La ropa de la mujer está en el suelo, a sus pies. Las olas circulares en el lago “como enviadas allí desde lejos” (p. 40) revelan que la mujer nada desnuda –con esta imagen inicia el film de François Girard, Silk, basado en la novela de Baricco–. Joncour pasará unos días atendido como un rey, y poco antes de partir preguntará a Hara Kei por la mujer. Claro, no obtendrá respuesta.

En la morada del cacique, en el último día de su estancia, Joncour se maravilla con la jaula de pájaros, “algunos más costosos que toda la seda de Lavilladieu.”


“Recordó haber leído en un libro que los hombres orientales, para honrar la fidelidad de sus amantes, no acostumbraban regalarles joyas: sino pájaros refinados y bellísimos”. (p. 45)


Esta frase es como la seda. Hara Kei honra majestuosamente la fidelidad de su amante. El nombre de la novela no solo se debe al tema, sino a la forma en que está escrita. Frases sutilísimas que acarician al lector. Y he aquí un extraño encuentro: mientras Joncour se baña en su estancia, alguien pone sobre sus ojos un paño húmedo. Es una mujer, no vieja como las que lo asisten en el baño cada noche, sino joven. Joncour intenta quitarse el paño, pero la mujer lo impide. Ello lo seca y lo acaricia: “Sintió la levedad de un velo de seda que bajaba sobre él” (p. 47). Es acariciado en todo el cuerpo. La mujer abre la mano de Joncour y deposita un folio. Luego desaparece tan misteriosamente como apareció.

Nuestro personaje regresa a Francia, siguiendo ese itinerario que Baricco repite como estribillo de esta canción/poema, retahíla hipnótica que no cesa.

El día 42 de su regreso a Lavilledieu, Joncour saca el folio y observa fascinado los ideogramas. Encuentra a Baldabiou en el billar y le pregunta por alguien que hable japonés. “Aquí el japonés eres tú”, responde (p. 52). Baldabiou le refiere a una tal Madame Blanche, en Nîmes, una japonesa que regentea un burdel. Joncour de inmediato va a buscarla.


¿Qué le hace pensar que es tan rico que puede acostarse conmigo?” (p. 54)


Pero Joncour no va por sexo. Lo que quiere es saber qué dice el folio. “Vuelve o moriré” (p. 55), es lo que dice el folio. Al marcharse, Joncour deja unos billetes sobre la mesa, pero la japonesa le dice “déjelo así”. Y no habla del dinero, sino de la mujer. “No morirá y usted lo sabe” (p. 55)

Caligrafía Japonesa

Los sericultores evalúan una tercera expedición a Japón. Hay rumores de una guerra civil en la isla, y además el joven Pasteur está investigando la enfermedad de los huevos. Parece que no es propicio hacer el viaje, más aún si el consulado francés en Yokohama aconseja que nadie vaya. La revuelta la llevan a cabo fuerzas que se oponen a la entrada de extranjeros a Japón. No obstante, Joncour emprenderá en octubre el tercer viaje, no tanto por la seda, sino por la obsesión que ya está sintiendo.

De regreso en Japón, entra a pie para que la noticia de su llegada viaje más rápido que él. Y cuando Joncour llega a los dominios de Hara Kei, una escena terrible, por el simbolismo que tiene: el cielo se oscurece por el vuelo de cientos de pájaros. La jaula ha sido abierta y está totalmente vacía. Junto a la jaula, la mujer. Joncour le muestra el folio; ella sonríe y esconde la hoja en su vestimenta, justo cuando arriba Hara Kei. Por la noche, hay un banquete en el palacio del cacique, al cual, desde luego, asiste el francés. Ahí hay un juego de miradas entre él y la chica. Joncour sale y se dirige a la casa que le ha sido asignada. Ahí encuentra a la misteriosa mujer y a otra joven. La escena debe ser desconcertante para Joncour: la mujer por la que había hecho ese viaje tan largo le entrega a la joven para hacer el amor.


“La amó durante horas, con gestos que no había hecho nunca, dejándose enseñar una lentitud que no conocía. En la oscuridad era fácil amarla sin amarla a ella.” (p. 68)

Fotografía de la película de François Girard

 Al día siguiente los hombres de Hara Kei le llevan los huevos. Joncour intenta ver a su anfitrión, pero ha salido. No encuentra nada, ni una señal, ni un mensaje. Regresa pues, a Francia, usando la ruta que ya el lector, en este punto, conoce casi de memoria.
Ya en Lavilledieu, entra en un estado melancólica que su mujer, Hélène, cree contrarrestar si viajan a Niza. Así, a finales de julio pasan unas semanas en la playa. En una velada organizada por un barón italiano, Joncour experimenta celos: un inglés intenta seducir a Hélène.


“Hervé Joncour lo vio inclinarse hacia Hélène y susurrarle alguna cosa en la oreja. Hélène se echó a reír, de una manera bellísima, y riendo se ladeó ligeramente hacia el caballero inglés, llegando a rozarle con sus cabellos la espalda, en un gesto que no tenían ningún embarazo, sino solo una desconcertante exactitud. Hervé Joncour bajó la mirada hacia el plato. No pudo menos que notar que su propia mano, aferrada a una cucharita de plata, estaba indudablemente temblando.” (p. 77)


De regreso en Lavilledieu, Baldabiou conversa con Joncour sobre los avances de Pasteur y los huevos que están comercializando unos italianos. Dados estos elementos, no tendría caso ir a Japón. Además, se sabe que estalló la guerra y que están matando extranjeros. Aún así, Joncour decide ir, de ser necesario con sus propios recursos. No le queda más remedio a Baldabiou más que convencer a los sericultores de patrocinar el viaje. Inicia la cuarta travesía de Joncour. Es el día 10 de octubre de 1864.
El panorama es desolador. El pueblo de Hara Kei está destruido, quemado. Joncour encuentra a un chico que le conducirá a Hara Kei. Después de cinco días, por fin logra divisar la caravana; el pueblo entero huye. Finalmente, luego de un día, Joncour alcanza la caravana, pero no es bienvenido. Hara Kai le ordena que se vaya. El francés pasará la noche en el campamento y a la mañana siguiente descubrirá al chico que lo guió colgando de un árbol.


-Japón es un país antiguo, ¿sabes? Su ley es antigua: dice que existen doce crímenes por los cuales resulta lícito condenar a un hombre a muerte. Y uno es llevar un mensaje de amor de su ama.
-No llevaba mensajes de amor con él.
-Él era un mensaje de amor. (p. 93)


Edición en francés
Once días después, en Yokohama, Joncour consigue algo de huevos. Pero ahora tiene el tiempo encima. En una carrera a marchas forzadas desde Japón a Alemania, llega a Eberfeld y ahí se da cuenta que las larvas están todas muertas. Es 6 de mayo del 65. En Lavilledieu las cosas están igual de mal. Los huevos que han conseguido por otros lados no han servido. De las siete hilanderías, solo trabajan dos. ¿Qué va a hacer toda esa gente?
Joncour había comprado una propiedad antes de este cuarto viaje, en la que pretendía hacer un gran jardín con una enorme jaula de pájaros. Así que emplea a todos esos obreros sin trabajo para hacer el jardín, que está listo en septiembre. Los lugareños reconocen que, de no ser por esto, habrían muerto de hambre. Meses más tarde, Joncour relata a Baldabiou la verdad.

Tiempo después, Joncour recibe por correo siete folios con ideogramas japoneses. Irá a Nimes, en busca de madame Blanche, para que le traduzca la carta. El escrito es erótico y arrollador:


“…dejaré que tu sexo cierre a medias mi boca, entrando entre mis labios, y empujando mi lengua, mi saliva bajará por tu piel hasta tu mano, mi beso y tu mano, uno dentro de la otra, sobre tu sexo…” (p. 111)


Las últimas líneas de la carta:


“Lo que era para nosotros, ya lo hemos hecho y tú lo sabes. Créeme: lo hemos hecho para siempre. Conserva tu vida al margen de mí. Y no dudes ni un segundo, si es útil para tu felicidad, en olvidar a esta mujer que ahora te dice, sin remordimiento, adiós.” (p. 113)


El tiempo pasó. En 1871 Baldabiou se marcha de Lavilledieu. En marzo del 74 fallece Hélène. Ese mismo año Joncour busca a Madame Blanche en Nîmes y se entera que se ha marchado a París. Después de una búsqueda incesante, Joncour encuentra a M. Blanche. Resulta que fue Hélène quien escribió la carta. M. Blanche se limitó a escribirla en japonés.


“Sabe, monsieur, yo creo que ella hubiera deseado, más que ninguna otra cosa, ser esa mujer. Usted no lo puede entender. Pero yo la escuché leer esa carta. Sé que es así.” (p. 123)


Hervé Joncour vivió veintitrés años más.

Así, pues, amigos, termina esta historia de amor frustrado.

Poster de la película de Françoise Girard
 
Les recomiendo la película de François Girard y les dejo el link para que vean el trailer:



Reciban todos un abrazo.
Venus ReX

Alessandro Baricco

jueves, 7 de junio de 2012

Venus Dormida, Delvaux

Erotismo surrealista
La Venus Dormida, de Delvaux

Título: La Venus Dormida.
Autor:  Paul Delvaux (belga, 1897-1994)
Fecha de composición: 1944.
Dimensiones: 173 x 199 cm.
Residencia: The Tate Gallery, Londres.

Queridos amigos:

Les presento una obra surrealista. En esta ocasión he seleccionado uno de los pintores belgas más conocidos del siglo XX, y uno de mis favoritos de esta fascinante corriente. Se trata de Paul Delvaux (1897-1994).



Hablar de surrealismo significa penetrar el mundo de los sueños. Las teorías de Freud al respecto, que mucho influyeron a esta corriente, resultan muy interesantes para poder apreciar mejor a estos pintores. 

Freud
En resumen, Freud sostiene que los sueños son representaciones de deseos, y que son el espejo del subconsciente. Al ser una actividad fuera del control del hombre, los sueños muestran descarnadamente el interior de la persona. Desde luego, estos sueños deben ser sometidos a un análisis para interpretarlos de la mejor manera. Así, si nosotros observamos el arte surrealista, no sólo nos maravillamos ante la maestría y fantasía de los artistas, sino también somos capaces de adentrarnos en su psique. Es como un viaje al interior del alma del pintor.


La Venus Dormida, pintada en 1944, muestra a la diosa que yace sobre un sofá (por cierto, del tipo que usan los psicoanalistas). Sin duda, los demás personajes son producto de la actividad onírica de la diosa. Interpretar este cuadro no resulta fácil. 

Aunque el mismo pintor ha dicho (a propósito de los cuadros en donde aparecen esqueletos) que el esqueleto no quiere simbolizar la muerte, sino la vida, la Venus Dormida nos hace pensar en la seducción de la muerte, o al menos en su inefabilidad, más aún si consideramos a la mujer del sombrero como símbolo de la belleza juvenil. Belleza y muerte se confrontan; están cara a cara. 


Venus misma, aunque la sabemos dormida, se asemeja más a un lánguido cadáver. Pero de algún modo la postura de sus piernas y las delicadas cadencias de su vientre y de su pecho nos remiten a una vitalidad plena, espléndidamente iluminada por la luna. 



Pero la luna es casi nueva. ¿De dónde proviene la luz? En el mundo de los sueños todo es posible. 




A mano derecha hay una mujer desnuda con el brazo levantado. ¿A quién llama? Su mirada es indescifrable. 

Al fondo hay tres mujeres de las cuales no se sabe si danzan o suplican. 

Una cuarta mujer, más atrás, está arrodillada y abraza una columna. Algunos comentaristas han sugerido algún simbolismo fálico.







Más que voluptuosidad, este cuadro nos sugiere misterio. El escenario nos recuerda a Piero della Francesca y sus ciudades ideales. 

Piero della Francesca: Ciudad Ideal

El cuadro mismo es una alucinación ideal. Es un maravilloso mundo de sueños y anhelos, deliciosamente femenino y profundo. Y a propósito de lo femenino (si podemos hablar de un “pintor de lo femenino” en el siglo XX, ése es Delvaux), qué mejor que estas elocuentes líneas de Baudelaire:
La mujer es el ser que proyecta la mayor sombra
y la mayor luz en nuestros sueños. La mujer es fatalmente sugestiva;
vive de una vida distinta de la suya;
vive espiritualmente en las imaginaciones que cultiva y fecunda.

Las mujeres cultivaron y fecundaron la imaginación de este magnífico pintor. Si yo fuera pintor, seguramente serían un pintor de lo femenino. Espero que todos  disfruten esta magnífica obra.

VenuS rEx

miércoles, 6 de junio de 2012

Atracción Sexual y Filosofía

Cápsula Filosófica No. 3
Ley de la atracción sexual, según Schopenhauer


¿Por qué los hombres no pueden resistirse ante un bonito derrière
Obama y Sarkozy
 Tampoco las mujeres, si les atrae un hombre, pueden contenerse. 


 ¿Por qué? 

Hay muchas respuestas. 

Arthur Schopenhauer
Veamos la de Schopenhauer (†1860). Este agudo filósofo alemán habla de una Voluntad de vivir; una Voluntad (la Naturaleza), con mayúscula, que se manifiesta en el instinto y en la conciencia de cada individuo. El sentimiento de amor se apodera del sujeto y lo hace esclavo e instrumento de la Voluntad (Naturaleza), y así ésta logra sus fines: que la especie se perpetúe. Si uno dirige su deseo hacia otro, a través de la mirada o de las palabras, no es por otra cosa que por considerarlo compañero o compañera sexual. 

JLo
Diría el filósofo: si yo veo pasar a una chica y detengo mi mirada en su derrière, es porque me parece una buena compañera sexual con la cual podría tener buen sexo, y, en consecuencia, con la cual podría tener descendencia. Y lo mismo ellas cuando no pueden evitar ver a un hombre. 

Ya decía Freud que todo individuo quiere poseer sexualmente a todos aquellos que sean objeto de su deseo. 

El amor romántico, diría Schopenhauer, es la manifestación cursi de esa fuerza ciega, arrebatada y egoísta. 

Así que ya saben amigos, amigas: nada de “oh, me gusta tu espíritu", o "ah, tu forma de ser", o "cielos, tu ser interior", y menos aún un "oh, Dios, me importa lo de adentro, no lo de afuera” y cosas por el estilo. 
Las realidad no es tan inocente como uno cree.
Abrazos y besos a todos!

VeNuS rEx
 

jueves, 31 de mayo de 2012

Navaja de Occam y Big Bang Theory

Cápsula Filosófica No. 2 
La navaja de Occam y la Big Bang Theory

Fotograma de la serie The Big Bang Theory

La "Navaja de Occam" o principio de parsimonia -del filósofo inglés William of Occam, †1348- propone que, en una investigación o explicación, hay que "cortar" lo que sobre o sea irrelevante. 

Humor inglés, a propósito de la Navaja de Occam
El nominalismo medieval, del cual Occam es figura, es precursor del empirismo inglés, y éste es a su vez la alfaguara donde han bebido los filósofos y científicos ingleses y norteamericanos. Por esta razón, cuando un astrónomo estudia el universo, la existencia de Dios le resulta irrelevante, porque ni mejora ni empeora la investigación; puede entender el universo y sus fenómenos sin suponer un dios. Si se hace la pregunta de lo que sucedió antes del Big Bang (los creyentes dirían que ahí estaba Dios, y que Dios es causa del universo), tal astrónomo dirá que la pregunta no tiene sentido, pues el Big Bang es el inicio del espacio-tiempo, por lo que resulta absurdo preguntar por el "antes" del Big Bang. 
 
¿Entonces cuál es la causa del universo? La causa siempre antecede al efecto supuesto el espacio-tiempo. No existiendo el espacio-tiempo es absurdo hablar de la causa del universo.

Saludos a todos.
Venus ReX 
Sean Connery como William of Baskerville, personaje basado en William of Occam

miércoles, 23 de mayo de 2012

Max Weber: Ética Protestante y Capitalismo

Cápsula Filosófica No. 1 
Ética Protestante y Capitalismo


Gótico Americano, de Wood
Mientras los calvinistas sostienen la predestinación, los católicos afirman el libre albedrío. ¿Pueden estos matices tener consecuencias importantes, o solo son discusiones estériles? Si estoy predestinado a salvarme o a condenarme, nada importa lo que haga. Al parecer esta doctrina calvinista es absurda. En lo personal creo que no puede sostenerse. 

No obstante, en el terreno práctico sí tiene y ha tenido tremendas consecuencias. Vivir y obrar bajo Dios es un signo de pertenecer a los elegidos, lo cual impulsa a los calvinistas a obrar convenientemente. En el ámbito económico, hacer lo conveniente y vivir bajo Dios implica entregarse al trabajo; y no solo eso: el éxito económico es signo de pertenecer a los elegidos. 

Así Max Weber (La ética protestante y el espíritu del capitalismo) se explica la brecha de desarrollo que existía entre la Europa protestante y la católica a finales del XIX y principios del XX (comparemos a España, Italia o Portugal con Alemania, UK o USA). Desde esta perspectiva se entienden los inmensos emporios comerciales norteamericanos, alemanes y británicos que nacieron desde la revolución industrial. 

Venus Rex

Obreros descansando durante la construcción del Empire State Building, NY