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miércoles, 26 de octubre de 2011

No. 65 La Jupe Blanche. Balthus: Freud, Platón, Lolita, Nobokov, Impulso Sexual, Erotismo

Título: La Jupe Blanche (La Falda Blanca).


Autor: Baltasar Klossowski de Rola, a. Balthus  (francés. n. París, 1908)


Fecha de composición: 1937.


Dimensiones: 130 X 162  cm.


Técnica: Óleo sobre Lienzo.


Residencia: Zurich, Colección Privada.




El Conde Baltasar Klossowski de Rola, mejor conocido como Balthus, es uno de los pintores del siglo XX que goza de más popularidad. Su lenguaje pictórico es simple, directo y accesible. El tema, siempre recurrente, ha resultado muy atractivo para ciertos sectores del público. Es un caso peculiar, porque el Conde nunca recibió una educación formal en lo que a pintura se refiere. Digamos que era un autodidacta. Pero el joven Conde aprendió muy bien de los antiguos maestros.

Su producción es pequeña y se centra en un tema: el fin de la inocencia. Sabemos, entre otras cosas, que Freud no veía a los niños del todo inocentes, sino inquietantemente sexuales. Podemos resistirnos a creer tales teorías, pero es un hecho que, en algún momento de la adolescencia, ocurre un “despertar”, lo que Balthus denomina el “despertar de la conciencia sexual”. No que los niños no sepan si son hombres o mujeres –eso lo descubren incluso antes de hablar–, sino que, en un momento determinado, los adolescentes ven puesto en movimiento aquel aspecto de su vida que los filósofos antiguos llamaron concupiscencia. Esa fuerza primordial se hace conciente y no en pocas ocasiones llega a tomar control (recordemos el “caballo negro” de Platón). Pues bien, es este “despertar”, esta “toma de conciencia”, el tema principal de la obra de Balthus.

Venus Rex

miércoles, 5 de octubre de 2011

No. 64 Erotismo japonés. Verdadera maravilla del arte!!! Saludos.

Título: Los Amantes.


Autor: Kitagawa Utamaro (japonés. n. Tokio, 1753; m. Tokio, 1806)


Fecha de composición: 1788.


Dimensiones: 24.8 x 37.4  cm.


Técnica: Woodblock print (grabado de madera) sobre papel.



Residencia: Victoria and Albert Museum, London.



Queridos amigos:

La belleza de este cuadro reside en su simplicidad. Es tan lírico que, valga la expresión, es casi un poema. Observen las líneas: aquellos trazos suaves de los cuerpos confieren a los amantes y al espectador una intimidad y un erotismo muy difíciles de lograr en el arte occidental. Las texturas de las sedas en los kimonos invitan a uno a abandonarse en el amante (quiero decir, el amante de cada quien), a entregarse y a llevar a nuevos límites todas y cada una de las facultades sensitivas.

Este cuadro es una caricia, un regalo para los sentidos, una imagen sublime, llena de poesía y de belleza. No hay perspectiva ni profundidad, ni exhuberancia en el color, a diferencia del arte europeo de esa época (estamos hablando de la segunda mitad del siglo XVIII: finales del rococó, principios del neoclásico); sólo líneas sugestivas deslizándose en finas cadencias que nos remiten a la doctrina Zen: ¡el abandono de los amantes es tal, que ni siquiera proyectan sombras! Y al mismo tiempo, vaya paradoja, a pesar del intenso erotismo, la imagen es espontánea, casi inocente (¡miren a la mujer!). La intimidad de los amantes es tan natural que difícilmente podría haber algún motivo de censura (a diferencia del explícito y casi vulgar erotismo –muy próximo a la pornografía– de algunos pintores europeos contemporáneos de Utamaro, como Boucher o Füssli).

Sé que este grabado pertenece a una colección creada por Utamaro en la década de los 80’s (siglo XVIII, claro está) llamada El Poema de la Almohada (Poem of the Pillow). No sé si han visto el film The Pillow Book, del cineasta Peter Greenaway. Se las recomiendo a propósito de almohadas, poemas, libros e imágenes. Hay una frase muy interesante dicha por una de las protagonistas: “tengo la certeza de dos cosas que dependen una de la otra: el placer del los sentidos y el placer de la literatura”. En inglés suena más explícito: “I’m certain of two things which are dependable: the pleasure of flesh and the pleasure of literature”. Frase muy oportuna en este caso, pues aunque literatura y pintura son disciplinas diversas, a fin de cuentas las dos son arte, las dos constituyen experiencias estéticas ilimitadas. Y el erotismo, no cabe duda, puede ser un aspecto o faceta nada despreciable de dicha experiencia.

En verdad espero que disfruten esta espléndida obra. Debo confesar que mi conocimiento del arte oriental es sumamente pobre; pero esta imagen vale más que muchos tomos de arte japonés. Habrá que ir al Daikoku a meditarlo.

Reciban todos un saludo.
VENUS ReX




Ahora lean esto con grafía japonesa, a ver si pueden!!!



Queridos amigos:

La belleza de este cuadro reside en su simplicidad. Es tan lírico que, valga la expresión, es casi un poema. Observen las líneas: aquellos trazos suaves de los cuerpos confieren a los amantes y al espectador una intimidad y un erotismo muy difíciles de lograr en el arte occidental. Las texturas de las sedas en los kimonos invitan a uno a abandonarse en el amante (quiero decir, el amante de cada quien), a entregarse y a llevar a nuevos límites todas y cada una de las facultades sensitivas.

Este cuadro es una caricia, un regalo para los sentidos, una imagen sublime, llena de poesía y de belleza. No hay perspectiva ni profundidad, ni exhuberancia en el color, a diferencia del arte europeo de esa época (estamos hablando de la segunda mitad del siglo XVIII: finales del rococó, principios del neoclásico); sólo líneas sugestivas deslizándose en finas cadencias que nos remiten a la doctrina Zen: ¡el abandono de los amantes es tal, que ni siquiera proyectan sombras! Y al mismo tiempo, vaya paradoja, a pesar del intenso erotismo, la imagen es espontánea, casi inocente (¡miren a la mujer!). La intimidad de los amantes es tan natural que difícilmente podría haber algún motivo de censura (a diferencia del explícito y casi vulgar erotismo –muy próximo a la pornografía– de algunos pintores europeos contemporáneos de Utamaro, como Boucher o Füssli).

Sé que este grabado pertenece a una colección creada por Utamaro en la década de los 80’s (siglo XVIII, claro está) llamada El Poema de la Almohada (Poem of the Pillow). No sé si han visto el film The Pillow Book, del cineasta Peter Greenaway. Se las recomiendo a propósito de almohadas, poemas, libros e imágenes. Hay una frase muy interesante dicha por una de las protagonistas: “tengo la certeza de dos cosas que dependen una de la otra: el placer del los sentidos y el placer de la literatura”. En inglés suena más explícito: “I’m certain of two things which are dependable: the pleasure of flesh and the pleasure of literature”. Frase muy oportuna en este caso, pues aunque literatura y pintura son disciplinas diversas, a fin de cuentas las dos son arte, las dos constituyen experiencias estéticas ilimitadas. Y el erotismo, no cabe duda, puede ser un aspecto o faceta nada despreciable de dicha experiencia.

En verdad espero que disfruten esta espléndida obra. Debo confesar que mi conocimiento del arte oriental es sumamente pobre; pero esta imagen vale más que muchos tomos de arte japonés. Habrá que ir al Daikoku a meditarlo.

Reciban todos un saludo.
VENUS ReX


lunes, 12 de septiembre de 2011

No. 63 Frida Kahlo, mexicana universal. A tono con este mes patrio.


Queridos amigos:



Suele ser interesante analizar cómo nos ven los extranjeros. En ocasiones sus juicios son duros e injustos; otras veces minimizan lo que nosotros tenemos por los cielos; hay veces que son fríamente objetivos y esto suele disgustarnos. ¿Quiénes más fríos que los ingleses? ¡Ni siquiera con Reynolds o Turner se entusiasman!

En el Oxford Concise Dictionary of Art & Artists hay una entrada bastante discreta de Frida Kahlo. Nada que no sepamos: su terrible accidente y los dolores que no cesaron hasta su muerte, el tono autobiográfico de sus cuadros, su matrimonio con Diego Rivera (“who was twice her age and twice her size”), los amantes furtivos de cada una de las partes de este matrimonio (es difícil ver cómo Diego podía hacerse de una amante), sus amoríos con Trotsky (no se menciona nada acerca del supuesto lesbianismo de Frida), etcétera. Por lo que toca a su arte, se menciona el marcado surrealismo, el elemento naïve, el rico colorido y la influencia del folklore mexicano. Los cuadros en donde retrata su dolor (físico y psíquico) resultan “narcisistas” y “de pesadilla” (no en tono peyorativo) para los editores del prestigiado diccionario: “Her paintings of her own physical and psychic pain are narcissistic and nightmarish, but also –like her personality– fiery and flamboyant.” También se hace énfasis en una supuesta superioridad artística de su marido (“during her lifetime she was overshadowed by her husband”). ¿Será?



A veces es bueno ver una valoración fría y ajena de aquello que nos entusiasma. Sigo creyendo que Kahlo y Rivera son los mexicanos más universales de todos los tiempos (este tipo de afirmaciones dan risa, pero en ocasiones a uno no le queda más remedio que hacerlas). Podríamos agregar a Sor Juana, a Octavio Paz, a Silvestre Revueltas. Pero lo que distingue a Kahlo de Rivera, Sor Juana, Paz, Revueltas y otros tantos mexicanos universales, es que es la más conocida a nivel mundial. Es la más conocida para el gran público (el público no especializado), gracias al cine. Y este es un servicio que debemos loar y reconocer a Salma Hayek (que en el terreno del pop art –aquí incluyo a los actores y actrices de cine– es, sin duda, la mexicana más universal). La bellísima Salma ha hecho un gran esfuerzo y ha conseguido una película de calidad (que nos guste o no, es otra cosa). Hay que felicitarla. Y ojalá hubiera ganado el Óscar. Hubiese sido una gran satisfacción para ella y para nosotros. Es una buena actriz y tendrá más oportunidades. Pero definitivamente hay que agradecer a esta mujer su labor de difusión masiva de la cultura mexicana.

Volvamos a Frida. Comparto con ustedes dos cuadros fantásticos. Son obras llenas de dolor y desesperación, ambas en la estética surrealista. Estoy seguro que las disfrutarán. Se trata de “Autorretrato” (1947) y “Las dos Fridas” (1939), dos de sus cuadros más conocidos.




Además, como extra bonus, les ofrezco una de las fotos que de ella realizó Manuel Álvarez Bravo durante la década de los 30’s. Sin duda Frida era una mujer muy bella. Pero, para fortuna nuestra, era aún más talentosa.

 

Reciban todos un abrazo.
VENUS ReX

sábado, 27 de agosto de 2011

Sexo Bíblico publicado por Amarillo Editores

Queridos amigos:

Les informo que mi libro Sexo Bíblico ya está listo y estará a la venta en librerías a partir de septiembre de 2011. Los invito a todos a que compren el libro, lo lean, lo recomienden y lo comenten con un servidor.



Seguimos en contacto. Un abrazo a todos.
Venus ReX

lunes, 18 de julio de 2011

No. 62 Max Ernst. La mujer como jardín: paraísos por explorar, horizontes por descubrir.

Título: Le jardin de la France.
Autor: Max Ernst (alemán -nacionalizado francés-. n. Bruhl, 1891; m. París, 1976)
Fecha de composición: 1962.
Dimensiones: 114 X 168 cm.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Residencia: Musée National d’Art Moderne, Centre Georges Pompidou, París.


Estimados amigos:

Hay un libro, editado por Taschen, que lleva por título “El Erotismo en el Arte”. Es uno de los mejores libros que hay sobre el tema. En él se lee, a propósito del cuadro que hoy les presento, lo siguiente:

“A Turena [Turaine, en francés] la llaman normalmente el jardín de Francia. Max Ernst vivió muchos años en Huismes, cerca de Chinon, en la franja de tierra que hay entre el Indre y el Loira, ríos que dan nombre a la región. Esta tierra se convierte en paisaje antropomorfo, creado por el artista a base de repintar un desnudo femenino de forma que solo quedan visibles sus zonas erógenas. Con ello esgrime un procedimiento ‘voyeurístico’....”


En cuanto al aspecto voyeurístico no queda duda alguna. El erotismo es intenso: la mujer como un jardín, el jardín como una mujer; paraísos que explorar, nuevos horizontes por descubrir. Me recuerda “Los jardines secretos de Mogador”, espléndido relato de nuestro compatriota Alberto Ruy Sánchez (Alfaguara, 2001). En la contraportada de este libro se lee lo siguiente: “cuando el deseo echa raíces en el cuerpo, la vida adquiere su sentido más intenso en la búsqueda de ese paraíso que es el cuerpo de la amada”. El jardín como una mujer bella y desnuda es una metáfora exquisita de Francia. El cuadro nos brinda una versión muy lírica y poética de la geografía francesa; deliciosa, diría yo. Una visión que recuerda a la Venus de Cabanel o a la Lilith de Collier. Una visión desde la estética surrealista.


Max Ernst fue uno de los surrealistas más destacados. Algún tiempo vivió en París con Leonora Carrington, y durante toda su vida fue un enamorado de Francia. De hecho renegó de su patria, Alemania, en los tiempos difíciles de la guerra, de modo que se vio forzado a huir a los Estados Unidos (“el que no está conmigo está en contra mía”, decía Hitler; ...no sé a quién me recuerda...). Se estableció en New York y ahí permaneció hasta 1953, unido a Breton y a Duchamp. Luego emigró a Francia y vivió ahí hasta su muerte en 1976. El Jardín de Francia (1962) es una de sus creaciones tardías. Estoy seguro que todos ustedes la disfrutarán.

Saludos a todos,
Venus ReX

martes, 12 de julio de 2011

No. 61 Marylin y Warhol. Pop Art. Sexo, drogas y Rock&Roll

Título: Marilyn.
Autor: Andy Warhol
(norteamericano. n. Pittsburgh, 1928; m. New York, 1987)
Fecha de composición: 1967.
Dimensiones: 91,5 x 91,5 cm.
Técnica: Screenprint sobre papel.
Residencia: Museum of Modern Art, New York.



Amigos:

Después de la segunda guerra mundial, especialmente en las décadas de los 50’s y 60’s, surgió el Pop Art como uno de los movimientos más influyentes en Europa y los Estados Unidos. El icono del Pop Art americano fue sin duda Andy Warhol.

Este multifacético hombre se inició como publicista. Las imágenes que realizó para Coca-Cola y sopa Campbell´s le dieron fama mundial en este rubro. No obstante, los trabajos que lo elevaron a la categoría de gurú en al arte norteamericano fueron las impresiones que hizo, en diversas combinaciones de colores, de Marilyn Monroe, Elizabeth Taylor y Elvis Presley. En efecto, se trata de impresiones, y con ello la posibilidad infinita de réplica. Para nuestro amigo Warhol, la idea de una pieza única, producto personalísimo e irrepetible del espíritu creador, resultaba obsoleta. “Quiero que todo mundo piense igual; cada hombre debe ser una máquina”, decía (“I want everybody to think alike. I think everybody should be a machine”, según la cita del Oxford Dictionary of Art and Artists). Muy acorde con el consumismo y con la vulgarización cultural, puntos de partida del Pop Art. Después de todo, el mismo Warhol se concebía más como fabricante (manufacturer) que como artista. El problema es que muchos de sus fans se empeñan en creer lo contrario.

En fin, mucho sexo, drogas y Rock & Roll...
VENUS

martes, 21 de junio de 2011

No. 60 Matisse. La explosión del color.


Título: Harmony in Red.
Autor: Henri Matisse (francés. n. Le Cateau-Cambrésis, 1869; m. Cimiez, 1954)
Fecha de composición: 1908.
Dimensiones: 180 X 246 cm.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Residencia: Hermitage Museum, San Petersburgo.



Amigos:

En el número anterior comenté que tal vez los cuatro pintores más famosos del siglo XX fueron Dalí, Picasso, Chagall y Matisse. De estos cuatro el único que faltaba en el blog era Henri Matisse, de modo que ahora será una buena ocasión para abordarlo.

He escogido una de sus obras más conocidas: Armonía en Rojo. En ella Matisse nos expone su estética: lo más importante es el color. No tanto la forma –en este caso la belleza es simple– o la carga emocional –no es que este cuadro no despierte sentimientos, pues está impregnado de una melancolía casi lírica–, sino el color. El rojo penetrante domina el interior de la habitación, mientras el verde domina el jardín exterior. No hay grandes matices, ni perspectivas, ni uso de la luz; se trata simplemente de un colorido extraordinario a partir de colores básicos. El patrón del mantel es el mismo que el de la pared, y es aquí donde radica la armonía en rojo (¡aunque dichos patrones emplean tonos negros, azules y verdes!). H.W. Janson, en su célebre History of Art, subraya el “nuevo y radical balance” de Matisse; “un equilibrio entre la segunda y tercera dimensiones” nunca antes explorado (“The radical new balance Matisse struck between the 2-D and 3-D aspects of painting is particularly evident in his Harmony in Red”; volume Two, p. 668).

Como extra bonus les envío La Danza. Este cuadro, pintado en 1910, también se encuentra en el Hermitage. Es una obra llena de vida y alegría en la que el color es el protagonista principal. Quizá sea La Danza la imagen más memorable de Matisse entre el público no especializado, seguramente por su asociación con la Consagración de la Primavera, de Igor Stravinsky.



Y además, como bonus literario, si les gusta la narrativa contemporánea (ficción), hay una espléndida novela de Manuel Vicent cuya trama gira en torno a una obra de Matisse. La novela se llama “La novia de Matisse” y está publicada por Alfaguara. Como en las películas, no voy a hacer un resumen de la novela (a nadie le gusta saber el final de una película antes de verla), para no quemarla. Sólo les digo que trata sobre arte: ¿cuál es el poder del arte? Claro, a través de una trama amorosa, erótica, muy amena y divertida, espléndidamente escrita. Seguro la disfrutarán.



Espero que gocen este par de obras de Matisse. Y mientras las disfrutan les mando a todos un saludo efusivo.
VENUS ReX

lunes, 13 de junio de 2011

No. 59 Yo y la Aldea. Chagall, precursor del Cubismo y del Surrealismo


Título: Yo y la Aldea.
Autor: Mark Chagall (ruso. n. Vitebsk, 1887; m. Saint Paul-de-Vence, 1985)
Fecha de composición: 1911.
Dimensiones: 191 x 151 cm.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Residencia: The Museum of Modern Art, New York.



Amigos míos:


Mark Chagall es uno de los tres o cuatro artistas plásticos más famosos del siglo XX –los otros tal vez serían Picasso, Matisse y Dalí–, así que es muy probable que ustedes lo conozcan. Sin duda fue un pintor genial, aunque los rusos y los alemanes lo consideraban “degenerado” (Entartete Kunts, según los censores del Reich. En realidad los degenerados eran Hitler y Stalin). Chagall pudo salir de Rusia y emigró a París; los políticos rusos tenían absurdas ideas sobre cómo debía ser el arte, y desde luego Chagall no se ajustaba a dichas ideas. Y en la ciudad luz, su ciudad favorita, pudo haberse quedado para siempre, de no ser por la ocupación Nazi. Los nazis también tenían cándidas ideas sobre el arte, y siendo Chagall judío –“artista degenerado” para los estándares del Reich, y por lo tanto un criminal– se dieron a la tarea de buscarlo para enviarlo a un campo de concentración, donde con toda seguridad hubiera padecido el triste y aberrante destino que sufrieron millones de su raza. Por fortuna Chagall escapó a los Estados Unidos, gracias a las gestiones y esfuerzos de un grupo maravilloso de norteamericanos, y ahí fue acogido como uno de los más grandes artistas vivos de Europa. Con el tiempo hubo comisiones (las Naciones Unidas, la Ópera Metropolitana), pero su añoranza por Francia le hizo regresar a París (ahí fue comisionado para decorar el interior de la Ópera).



Yo y la Aldea, según dicen los expertos, es un cuento de hadas (fairy tale), de folklore ruso y de tradiciones judías (si observamos los caracteres masculinos del cuadro, de inmediato evocaremos a Topol en The Fiddler on the Roof). Y como en el mundo de la fantasía no hay leyes que gobiernen, encontramos algunas casas de cabeza, lo mismo que la campesina, y símbolos cristianos en medio de una cargada atmósfera judía (una cruz cuelga del cuello del judío verde). El pueblito y los dos campesinos en la parte superior parecen ser un sueño, no sé si del caballo o del hombre (el caballo es un motivo recurrente en la pintura de Chagall). El cuadro no deja de tener un carácter infantil, y eso es parte del encanto. Al mismo tiempo la estética es francamente cubista. Los elementos oníricos e ilógicos han hecho suponer a muchos un sorprendente antecedente del surrealismo (en 1911, año de composición del cuadro, ¡la mayoría de los surrealistas eran todavía niños!). Tal vez no deban tomarse tan en serio los comentarios de los críticos: para Chagall este cuadro ni era cubista ni anticipaba el surrealismo; se trataba simplemente de una evocación de la infancia, el recuerdo de la aldea natal.



Reciban todos un fuerte abrazo.
VENUS ReX