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viernes, 29 de junio de 2012

Alessandro Baricco, Seda. Amor francés, Erotismo japonés

Seda
Alessandro Baricco
Grupo Editorial Norma, 125 p.
Calificación: 

Edición española de Anagrama


 No pierdas tu tiempo
 Solo para fans del autor o interesados en el tema
 Vale la pena leerlo
 Muy recomendable
 Absolutamente imprescindible

Seda es una novela corta, o cuento largo, muy célebre; se lee en menos de hora y media. Fue escrita por Alessandro Baricco en 1996. Es la obra más conocida de este destacado autor italiano, y a ella le debe su fama internacional. La novela ha sido traducida a varios idiomas, incluidos, desde luego, inglés, francés, alemán, español y portugués. Existe una versión cinematográfica de 2007, del director francés François Girard, protagonizada por Michael Pitt, Keira Knightley, Alfred Molina y Miki Nakatani.

Los temas
Seda es una novela erótica. El tema principal es el deseo y la obsesión. Pero también es una novela de amor; de amor a prueba de todo. Por un lado, el protagonista está obsesionado con la concubina de un cacique japonés. Por otro lado, la esposa del protagonista no dejará de amarle y le dará una prueba de amor impresionante.

Personajes principales
Hervé Joncour, joven comerciante de seda.
Hélène, esposa de Joncour.
Baldabiou, líder de los sericultores de Lavilledieu.
Hara Kei, cacique japonés, contrabandista de seda.
Una mujer, concubina/amante de Hara Kei, y de la cual nunca sabemos su nombre.

Argumento (La novela en unas cuantas líneas)
Edición italiana
Lavilledieu es una pequeña localidad francesa que vive casi totalmente de la sericultura. Los huevos del gusano de seda son importados desde Siria y Egipto, hasta que una plaga obliga a los sericultores a buscar seda en Japón. Hervé Joncour hace el viaje y conoce a Hara Kei, contrabandista de seda. Hervé Joncour queda totalmente impresionado por la belleza de la joven amante/concubina de Hara Kei. Entre Joncour y la mujer surgirá un deseo erótico. Un folio que ella le entrega lo insta a volver. Está obsesión llevará a Joncour varias veces de regreso a Japón, aún cuando ya no sea necesario traer huevos desde allá. Hélène sutilmente se dará cuenta de que algo mueve y obsesiona a su marido. Después del cuarto viaje, Joncour recibe una carta escrita en caligrafía japonesa. Más tarde muere Hélène. Joncour recurre a una japonesa (la misma que antes le tradujo el folio que lo instaba a regresar a Japón) para que le traduzca la carta. Se trata de una carta de amor, llena de pasión y erotismo, que revela un amor inmenso. Joncour se da cuenta que la carta fue escrita por Hélène y no por la misteriosa concubina de Hara Kei.
Las acciones principales tienen lugar entre 1861 y 1865, aunque los hechos se expanden y tienen repercusiones hasta finales de ese siglo.

Análisis y reflexiones

Foto de la película "Silk", de François Girard

La historia comienza con la introducción del personaje principal y una referencia temporal: es 1861, Flaubert escribe y Lincoln sostiene una guerra; Hervé Joncour tiene un oficio extraño: compra y vende gusanos de seda. Joncour vive en Lavilledieu y está casado con Hélène. Todos los años Joncour realiza una travesía: parte en enero rumbo a Siria y Egipto, compra los huevos de gusano y vuelve a principios de abril, deja los huevos a punto, listos para la venta, y descansa el resto del año. Digamos que es una vida bastante regular, sin sobresaltos, o, como escribe Baricco con gran belleza poética, Jancour es “uno de esos hombres a los que les gusta asistir a su propia vida, considerando impropia cualquier ambición de vivirla.”


“Se habrá notado que ellos observan su propio destino del modo en que la mayoría suele observar un día de lluvia.” (p. 11)


Esta rutina se verá rota por una epidemia que causará estragos en el mundo de la seda. Lavilledieu es una pequeña localidad que vive casi por completo de este producto, así que la epidemia la pone en jaque. La preocupación es grande entre los mercaderes. El líder de ellos, quien en su momento inauguró este comercio y transformó la vida de la localidad, Baldabiou, sabe que, dado que Japón es una isla, los gusanos allá no han sido contaminados, de modo que sería posible traer huevecillos desde aquella lejanísima tierra y salvar así la actividad económica principal de la ciudad.

Edición en portugués
La introducción de Baldabiou es por demás pintoresca. Baricco refiere la anécdota según la cual, veinte años atrás, el inquieto personaje se presentó en la oficina del alcalde con una bufanda de seda y le preguntó que si sabía qué era eso. El alcalde, naturalmente, dijo que eran cosas de mujeres; pero no, Baldabiou sabe que es dinero, cosas de hombre. Pasados siete meses, Baldabiou regresó y puso treinta mil francos sobre la mesa del alcalde, quien dijo, al ser cuestionado, que eso era plata. Baldabiou dice: “se equivoca. Es la prueba de que usted es un pendejo.” Así es como la apacible Lavilledieu adopta el negocio de la seda.

Hay, pues, una epidemia en los huevos de Siria y Egipto. Hay que traerlos de otro lado. Los comerciantes de Lavilledieu no tienen la menor idea de qué es ni dónde está Japón. Está hasta el fin del mundo, dice Baldabiou. La única manera en que pueden sobrevivir estos comerciantes es trayendo los huevos desde allá. Además, la mejor seda, la más bella sobre el planeta, es, sin duda, la japonesa. De nuevo la imagen poética es sobresaliente:


“Una vez había tenido entre los dedos un velo tejido con hilo de seda japonés. Era como tener entre los dedos la nada.”


Japón está aislado. ¿Quién hará el trabajo de contrabandista? Naturalmente Joncour. Los comerciantes se organizan y reúnen el dinero necesario para la expedición. Joncour se despide de su mujer –de voz bellísima, dice Baricco- y sale de la ciudad el día 6 de octubre. La ruta, que se repetirá en varias ocasiones, es esta: frontera francesa, Württemberg, Baviera, Austria, Viena, Budapest, Kiev, estepa rusa, montes Urales, Siberia, lago Baikal, frontera china, Sabirk en el Pacífico, Cabo Teraya en Japón, Ishikawa, Toyama, Niigata, Fukushima y Shirakawa. Enorme viaje. Joncour cumple su misión y se dispone a regresar de inmediato a Francia, pero alguien lo detiene. Un tal Hara Kei desea verlo.

Hara Kei es una especie de cacique, de contrabandista y de señor de la seda, de modo que quien quisiese sacar huevecillos del Japón, necesariamente tendría que tratar con él. La escena del encuentro es fantástica: una mujer muy joven junto a Hara Kei, como una especie de gata a la que se acaricia y que posa su cabeza sobre el regazo del amo, es el signo de poder de aquel cacique. Las miradas de la mujer y de Joncour se cruzan y crean en el lector una muy sutil y fina atmósfera erótica: los ojos de ella se clavan en los de él, “con una intensidad desconcertante” (p. 30). Casi podría decirse que Baricco escribe como si fuera un autor japonés, con esa economía de palabras, con esa riqueza de imágenes, y dejando mucho a la imaginación del lector.


“Volvió a apoyar la cabeza sobre el regazo de Hara Kei. Los ojos abiertos, fijos en los de Hervé Joncour.” (p.32)


Hara Kei advierte a Joncour que los huevos que lleva son de pez, y que no valen nada. Quizá por eso el francés ha pagado con oro falso, ríe el cacique. Sin embargo harán trato. Joncour se llevará huevos genuinos y una vez que salga de la isla pagará a Hara Kei. Fin del encuentro.


“La última cosa que vio [Joncour], antes de salir, fueron los ojos de ella fijos en los suyos, perfectamente mudos.” (p, 34)


Edición en inglés
El viaje es un éxito. Los huevos resultan ser maravillosos y la producción de seda de ese año en Lavilledieu es más que sobresaliente. El mismo Joncour se ha hecho rico y ha comprado tierra. A principios del otoño, en octubre de 1862, Joncour vuelve a Japón. Se encuentra con Hara Kei y la enigmática mujer en un bosque, junto a un lago. A lo lejos, las miradas de la mujer y del francés se cruzan de nuevo. Al parecer entre ellos está creciendo un impulso erótico que no podrán contener. Unos pasos más por el sendero, Joncour llega a donde Hara Kei. La ropa de la mujer está en el suelo, a sus pies. Las olas circulares en el lago “como enviadas allí desde lejos” (p. 40) revelan que la mujer nada desnuda –con esta imagen inicia el film de François Girard, Silk, basado en la novela de Baricco–. Joncour pasará unos días atendido como un rey, y poco antes de partir preguntará a Hara Kei por la mujer. Claro, no obtendrá respuesta.

En la morada del cacique, en el último día de su estancia, Joncour se maravilla con la jaula de pájaros, “algunos más costosos que toda la seda de Lavilladieu.”


“Recordó haber leído en un libro que los hombres orientales, para honrar la fidelidad de sus amantes, no acostumbraban regalarles joyas: sino pájaros refinados y bellísimos”. (p. 45)


Esta frase es como la seda. Hara Kei honra majestuosamente la fidelidad de su amante. El nombre de la novela no solo se debe al tema, sino a la forma en que está escrita. Frases sutilísimas que acarician al lector. Y he aquí un extraño encuentro: mientras Joncour se baña en su estancia, alguien pone sobre sus ojos un paño húmedo. Es una mujer, no vieja como las que lo asisten en el baño cada noche, sino joven. Joncour intenta quitarse el paño, pero la mujer lo impide. Ello lo seca y lo acaricia: “Sintió la levedad de un velo de seda que bajaba sobre él” (p. 47). Es acariciado en todo el cuerpo. La mujer abre la mano de Joncour y deposita un folio. Luego desaparece tan misteriosamente como apareció.

Nuestro personaje regresa a Francia, siguiendo ese itinerario que Baricco repite como estribillo de esta canción/poema, retahíla hipnótica que no cesa.

El día 42 de su regreso a Lavilledieu, Joncour saca el folio y observa fascinado los ideogramas. Encuentra a Baldabiou en el billar y le pregunta por alguien que hable japonés. “Aquí el japonés eres tú”, responde (p. 52). Baldabiou le refiere a una tal Madame Blanche, en Nîmes, una japonesa que regentea un burdel. Joncour de inmediato va a buscarla.


¿Qué le hace pensar que es tan rico que puede acostarse conmigo?” (p. 54)


Pero Joncour no va por sexo. Lo que quiere es saber qué dice el folio. “Vuelve o moriré” (p. 55), es lo que dice el folio. Al marcharse, Joncour deja unos billetes sobre la mesa, pero la japonesa le dice “déjelo así”. Y no habla del dinero, sino de la mujer. “No morirá y usted lo sabe” (p. 55)

Caligrafía Japonesa

Los sericultores evalúan una tercera expedición a Japón. Hay rumores de una guerra civil en la isla, y además el joven Pasteur está investigando la enfermedad de los huevos. Parece que no es propicio hacer el viaje, más aún si el consulado francés en Yokohama aconseja que nadie vaya. La revuelta la llevan a cabo fuerzas que se oponen a la entrada de extranjeros a Japón. No obstante, Joncour emprenderá en octubre el tercer viaje, no tanto por la seda, sino por la obsesión que ya está sintiendo.

De regreso en Japón, entra a pie para que la noticia de su llegada viaje más rápido que él. Y cuando Joncour llega a los dominios de Hara Kei, una escena terrible, por el simbolismo que tiene: el cielo se oscurece por el vuelo de cientos de pájaros. La jaula ha sido abierta y está totalmente vacía. Junto a la jaula, la mujer. Joncour le muestra el folio; ella sonríe y esconde la hoja en su vestimenta, justo cuando arriba Hara Kei. Por la noche, hay un banquete en el palacio del cacique, al cual, desde luego, asiste el francés. Ahí hay un juego de miradas entre él y la chica. Joncour sale y se dirige a la casa que le ha sido asignada. Ahí encuentra a la misteriosa mujer y a otra joven. La escena debe ser desconcertante para Joncour: la mujer por la que había hecho ese viaje tan largo le entrega a la joven para hacer el amor.


“La amó durante horas, con gestos que no había hecho nunca, dejándose enseñar una lentitud que no conocía. En la oscuridad era fácil amarla sin amarla a ella.” (p. 68)

Fotografía de la película de François Girard

 Al día siguiente los hombres de Hara Kei le llevan los huevos. Joncour intenta ver a su anfitrión, pero ha salido. No encuentra nada, ni una señal, ni un mensaje. Regresa pues, a Francia, usando la ruta que ya el lector, en este punto, conoce casi de memoria.
Ya en Lavilledieu, entra en un estado melancólica que su mujer, Hélène, cree contrarrestar si viajan a Niza. Así, a finales de julio pasan unas semanas en la playa. En una velada organizada por un barón italiano, Joncour experimenta celos: un inglés intenta seducir a Hélène.


“Hervé Joncour lo vio inclinarse hacia Hélène y susurrarle alguna cosa en la oreja. Hélène se echó a reír, de una manera bellísima, y riendo se ladeó ligeramente hacia el caballero inglés, llegando a rozarle con sus cabellos la espalda, en un gesto que no tenían ningún embarazo, sino solo una desconcertante exactitud. Hervé Joncour bajó la mirada hacia el plato. No pudo menos que notar que su propia mano, aferrada a una cucharita de plata, estaba indudablemente temblando.” (p. 77)


De regreso en Lavilledieu, Baldabiou conversa con Joncour sobre los avances de Pasteur y los huevos que están comercializando unos italianos. Dados estos elementos, no tendría caso ir a Japón. Además, se sabe que estalló la guerra y que están matando extranjeros. Aún así, Joncour decide ir, de ser necesario con sus propios recursos. No le queda más remedio a Baldabiou más que convencer a los sericultores de patrocinar el viaje. Inicia la cuarta travesía de Joncour. Es el día 10 de octubre de 1864.
El panorama es desolador. El pueblo de Hara Kei está destruido, quemado. Joncour encuentra a un chico que le conducirá a Hara Kei. Después de cinco días, por fin logra divisar la caravana; el pueblo entero huye. Finalmente, luego de un día, Joncour alcanza la caravana, pero no es bienvenido. Hara Kai le ordena que se vaya. El francés pasará la noche en el campamento y a la mañana siguiente descubrirá al chico que lo guió colgando de un árbol.


-Japón es un país antiguo, ¿sabes? Su ley es antigua: dice que existen doce crímenes por los cuales resulta lícito condenar a un hombre a muerte. Y uno es llevar un mensaje de amor de su ama.
-No llevaba mensajes de amor con él.
-Él era un mensaje de amor. (p. 93)


Edición en francés
Once días después, en Yokohama, Joncour consigue algo de huevos. Pero ahora tiene el tiempo encima. En una carrera a marchas forzadas desde Japón a Alemania, llega a Eberfeld y ahí se da cuenta que las larvas están todas muertas. Es 6 de mayo del 65. En Lavilledieu las cosas están igual de mal. Los huevos que han conseguido por otros lados no han servido. De las siete hilanderías, solo trabajan dos. ¿Qué va a hacer toda esa gente?
Joncour había comprado una propiedad antes de este cuarto viaje, en la que pretendía hacer un gran jardín con una enorme jaula de pájaros. Así que emplea a todos esos obreros sin trabajo para hacer el jardín, que está listo en septiembre. Los lugareños reconocen que, de no ser por esto, habrían muerto de hambre. Meses más tarde, Joncour relata a Baldabiou la verdad.

Tiempo después, Joncour recibe por correo siete folios con ideogramas japoneses. Irá a Nimes, en busca de madame Blanche, para que le traduzca la carta. El escrito es erótico y arrollador:


“…dejaré que tu sexo cierre a medias mi boca, entrando entre mis labios, y empujando mi lengua, mi saliva bajará por tu piel hasta tu mano, mi beso y tu mano, uno dentro de la otra, sobre tu sexo…” (p. 111)


Las últimas líneas de la carta:


“Lo que era para nosotros, ya lo hemos hecho y tú lo sabes. Créeme: lo hemos hecho para siempre. Conserva tu vida al margen de mí. Y no dudes ni un segundo, si es útil para tu felicidad, en olvidar a esta mujer que ahora te dice, sin remordimiento, adiós.” (p. 113)


El tiempo pasó. En 1871 Baldabiou se marcha de Lavilledieu. En marzo del 74 fallece Hélène. Ese mismo año Joncour busca a Madame Blanche en Nîmes y se entera que se ha marchado a París. Después de una búsqueda incesante, Joncour encuentra a M. Blanche. Resulta que fue Hélène quien escribió la carta. M. Blanche se limitó a escribirla en japonés.


“Sabe, monsieur, yo creo que ella hubiera deseado, más que ninguna otra cosa, ser esa mujer. Usted no lo puede entender. Pero yo la escuché leer esa carta. Sé que es así.” (p. 123)


Hervé Joncour vivió veintitrés años más.

Así, pues, amigos, termina esta historia de amor frustrado.

Poster de la película de Françoise Girard
 
Les recomiendo la película de François Girard y les dejo el link para que vean el trailer:



Reciban todos un abrazo.
Venus ReX

Alessandro Baricco

jueves, 7 de junio de 2012

Venus Dormida, Delvaux

Erotismo surrealista
La Venus Dormida, de Delvaux

Título: La Venus Dormida.
Autor:  Paul Delvaux (belga, 1897-1994)
Fecha de composición: 1944.
Dimensiones: 173 x 199 cm.
Residencia: The Tate Gallery, Londres.

Queridos amigos:

Les presento una obra surrealista. En esta ocasión he seleccionado uno de los pintores belgas más conocidos del siglo XX, y uno de mis favoritos de esta fascinante corriente. Se trata de Paul Delvaux (1897-1994).



Hablar de surrealismo significa penetrar el mundo de los sueños. Las teorías de Freud al respecto, que mucho influyeron a esta corriente, resultan muy interesantes para poder apreciar mejor a estos pintores. 

Freud
En resumen, Freud sostiene que los sueños son representaciones de deseos, y que son el espejo del subconsciente. Al ser una actividad fuera del control del hombre, los sueños muestran descarnadamente el interior de la persona. Desde luego, estos sueños deben ser sometidos a un análisis para interpretarlos de la mejor manera. Así, si nosotros observamos el arte surrealista, no sólo nos maravillamos ante la maestría y fantasía de los artistas, sino también somos capaces de adentrarnos en su psique. Es como un viaje al interior del alma del pintor.


La Venus Dormida, pintada en 1944, muestra a la diosa que yace sobre un sofá (por cierto, del tipo que usan los psicoanalistas). Sin duda, los demás personajes son producto de la actividad onírica de la diosa. Interpretar este cuadro no resulta fácil. 

Aunque el mismo pintor ha dicho (a propósito de los cuadros en donde aparecen esqueletos) que el esqueleto no quiere simbolizar la muerte, sino la vida, la Venus Dormida nos hace pensar en la seducción de la muerte, o al menos en su inefabilidad, más aún si consideramos a la mujer del sombrero como símbolo de la belleza juvenil. Belleza y muerte se confrontan; están cara a cara. 


Venus misma, aunque la sabemos dormida, se asemeja más a un lánguido cadáver. Pero de algún modo la postura de sus piernas y las delicadas cadencias de su vientre y de su pecho nos remiten a una vitalidad plena, espléndidamente iluminada por la luna. 



Pero la luna es casi nueva. ¿De dónde proviene la luz? En el mundo de los sueños todo es posible. 




A mano derecha hay una mujer desnuda con el brazo levantado. ¿A quién llama? Su mirada es indescifrable. 

Al fondo hay tres mujeres de las cuales no se sabe si danzan o suplican. 

Una cuarta mujer, más atrás, está arrodillada y abraza una columna. Algunos comentaristas han sugerido algún simbolismo fálico.







Más que voluptuosidad, este cuadro nos sugiere misterio. El escenario nos recuerda a Piero della Francesca y sus ciudades ideales. 

Piero della Francesca: Ciudad Ideal

El cuadro mismo es una alucinación ideal. Es un maravilloso mundo de sueños y anhelos, deliciosamente femenino y profundo. Y a propósito de lo femenino (si podemos hablar de un “pintor de lo femenino” en el siglo XX, ése es Delvaux), qué mejor que estas elocuentes líneas de Baudelaire:
La mujer es el ser que proyecta la mayor sombra
y la mayor luz en nuestros sueños. La mujer es fatalmente sugestiva;
vive de una vida distinta de la suya;
vive espiritualmente en las imaginaciones que cultiva y fecunda.

Las mujeres cultivaron y fecundaron la imaginación de este magnífico pintor. Si yo fuera pintor, seguramente serían un pintor de lo femenino. Espero que todos  disfruten esta magnífica obra.

VenuS rEx

miércoles, 6 de junio de 2012

Atracción Sexual y Filosofía

Cápsula Filosófica No. 3
Ley de la atracción sexual, según Schopenhauer


¿Por qué los hombres no pueden resistirse ante un bonito derrière
Obama y Sarkozy
 Tampoco las mujeres, si les atrae un hombre, pueden contenerse. 


 ¿Por qué? 

Hay muchas respuestas. 

Arthur Schopenhauer
Veamos la de Schopenhauer (†1860). Este agudo filósofo alemán habla de una Voluntad de vivir; una Voluntad (la Naturaleza), con mayúscula, que se manifiesta en el instinto y en la conciencia de cada individuo. El sentimiento de amor se apodera del sujeto y lo hace esclavo e instrumento de la Voluntad (Naturaleza), y así ésta logra sus fines: que la especie se perpetúe. Si uno dirige su deseo hacia otro, a través de la mirada o de las palabras, no es por otra cosa que por considerarlo compañero o compañera sexual. 

JLo
Diría el filósofo: si yo veo pasar a una chica y detengo mi mirada en su derrière, es porque me parece una buena compañera sexual con la cual podría tener buen sexo, y, en consecuencia, con la cual podría tener descendencia. Y lo mismo ellas cuando no pueden evitar ver a un hombre. 

Ya decía Freud que todo individuo quiere poseer sexualmente a todos aquellos que sean objeto de su deseo. 

El amor romántico, diría Schopenhauer, es la manifestación cursi de esa fuerza ciega, arrebatada y egoísta. 

Así que ya saben amigos, amigas: nada de “oh, me gusta tu espíritu", o "ah, tu forma de ser", o "cielos, tu ser interior", y menos aún un "oh, Dios, me importa lo de adentro, no lo de afuera” y cosas por el estilo. 
Las realidad no es tan inocente como uno cree.
Abrazos y besos a todos!

VeNuS rEx
 

jueves, 31 de mayo de 2012

Navaja de Occam y Big Bang Theory

Cápsula Filosófica No. 2 
La navaja de Occam y la Big Bang Theory

Fotograma de la serie The Big Bang Theory

La "Navaja de Occam" o principio de parsimonia -del filósofo inglés William of Occam, †1348- propone que, en una investigación o explicación, hay que "cortar" lo que sobre o sea irrelevante. 

Humor inglés, a propósito de la Navaja de Occam
El nominalismo medieval, del cual Occam es figura, es precursor del empirismo inglés, y éste es a su vez la alfaguara donde han bebido los filósofos y científicos ingleses y norteamericanos. Por esta razón, cuando un astrónomo estudia el universo, la existencia de Dios le resulta irrelevante, porque ni mejora ni empeora la investigación; puede entender el universo y sus fenómenos sin suponer un dios. Si se hace la pregunta de lo que sucedió antes del Big Bang (los creyentes dirían que ahí estaba Dios, y que Dios es causa del universo), tal astrónomo dirá que la pregunta no tiene sentido, pues el Big Bang es el inicio del espacio-tiempo, por lo que resulta absurdo preguntar por el "antes" del Big Bang. 
 
¿Entonces cuál es la causa del universo? La causa siempre antecede al efecto supuesto el espacio-tiempo. No existiendo el espacio-tiempo es absurdo hablar de la causa del universo.

Saludos a todos.
Venus ReX 
Sean Connery como William of Baskerville, personaje basado en William of Occam

miércoles, 23 de mayo de 2012

Max Weber: Ética Protestante y Capitalismo

Cápsula Filosófica No. 1 
Ética Protestante y Capitalismo


Gótico Americano, de Wood
Mientras los calvinistas sostienen la predestinación, los católicos afirman el libre albedrío. ¿Pueden estos matices tener consecuencias importantes, o solo son discusiones estériles? Si estoy predestinado a salvarme o a condenarme, nada importa lo que haga. Al parecer esta doctrina calvinista es absurda. En lo personal creo que no puede sostenerse. 

No obstante, en el terreno práctico sí tiene y ha tenido tremendas consecuencias. Vivir y obrar bajo Dios es un signo de pertenecer a los elegidos, lo cual impulsa a los calvinistas a obrar convenientemente. En el ámbito económico, hacer lo conveniente y vivir bajo Dios implica entregarse al trabajo; y no solo eso: el éxito económico es signo de pertenecer a los elegidos. 

Así Max Weber (La ética protestante y el espíritu del capitalismo) se explica la brecha de desarrollo que existía entre la Europa protestante y la católica a finales del XIX y principios del XX (comparemos a España, Italia o Portugal con Alemania, UK o USA). Desde esta perspectiva se entienden los inmensos emporios comerciales norteamericanos, alemanes y británicos que nacieron desde la revolución industrial. 

Venus Rex

Obreros descansando durante la construcción del Empire State Building, NY




miércoles, 25 de abril de 2012

Las batallas en el desierto, de José Emilio Pacheco


Las batallas en el desierto

 José Emilio Pacheco

 Ediciones Era, 68 p.


 Calificación: 


No pierdas tu tiempo
Solo para fans del autor o interesados en el tema
Vale la pena leerlo
Muy recomendable
Absolutamente imprescindible

Las batallas en el desierto es una novela escrita por nuestro muy celebrado y laureado compatriota José Emilio Pacheco. La novela fue escrita a principios de los ochenta, y desde entonces se ha convertido en una de las obras más leídas y queridas de la literatura mexicana. Es una novela muy breve –o si se quiere, un cuento largo– que se lee cómodamente en un par de horas y que retrata a la colonia Roma, un barrio muy entrañable de aquella Ciudad de México, hoy perdida, de finales de los años cuarenta.

Los temas
El tema principal de esta novela es el amor: un jovencito se enamora de la mamá de su mejor amigo. Paralelamente, la novela nos muestra una sociedad dividida, clasista, cruel y discriminadora. El mosaico es complementado por la descripción de ese México corrupto, en donde la clase política se enriquece y en donde prevalece la impunidad. Es lamentable ver como a la fecha, después de más de sesenta años, las cosas en este rubro no han cambiado mucho.

Personajes principales
Carlos, joven enamorado de Mariana.
Jim, hijo de Mariana, condiscípulo y mejor amigo de Carlos.
Mariana, madre de Jim, amante de un político corrupto y objeto del amor de Carlos.
Rosales, condiscípulo de Carlos y Jim; es el alumno más pobre del colegio.

Argumento (La novela en unas cuantas líneas)
Casa de las Brujas, en la colonia Roma

Carlos es alumno de un colegio en la colonia Roma, barrio donde vive, y su mejor amigo es Jim, hijo de un norteamericano de San Francisco y de Mariana. Jim vive con su madre, también en la colonia Roma. Es un secreto a voces que la madre de Jim es la amante de un personaje cercano al presidente Miguel Alemán. Un día Jim invita a Carlos a su casa. Al ver el pequeño Carlos a Mariana cae de inmediato enamorado. Carlos aprovecha la primera ocasión que tiene para salirse del colegio e ir solo a casa de Mariana para declararle su amor. La mujer, sorprendida, le hace ver que ese amor es imposible, pues ella tiene veintiocho años y él es apenas un niño. Carlos es cambiado de escuela y pierde contacto con Jim y con Mariana. Pasado un tiempo, Carlos se encuentra casualmente a Rosales quien le confiesa que Jim se fue con su padre a los Estados Unidos luego que su madre se suicidara. Carlos no puede creer lo que oye y de inmediato se dirige a la casa de Mariana, pero nadie le puede dar razón alguna de su paradero. Carlos no sabe si creer. Lo cierto es que al final reflexiona que, de vivir Mariana, tendría ochenta años –lo cual no cuadra, pues si la novela fue escrita en 1981, y Mariana en 1948 tiene 28, no cumpliría 80 sino hasta 2000.

Análisis y reflexiones

Guerra Árabe-Israelí de 1948
El libro está escrito en primera persona. El narrador es un Carlos adulto que rememora sus días de párvulo. La narración es completamente lineal, clara, cómoda, amena y ágil. El libro comienza con una descripción de esa Ciudad de México de finales de los cuarenta, lo que se veía en los cines (aún no había televisión), lo que se oía en la radio y lo que se leía en los diarios. Sabemos que es el año 1948 porque el narrador (Carlos escribiendo en 1980) hace referencia al establecimiento del Estado de Israel y a la guerra contra la Liga Árabe, y por esta razón sabemos que “Las batallas en el desierto”, título de la novela, es el juego que juegan los alumnos del colegio durante los recreos: no se trata de indios contra vaqueros, o policías y ladrones, sino de árabes contra judíos.

Mansión en Las Lomas de Chapultepec, DF.
Carlos nos cuenta de sus amigos, del clasismo y del racismo que prevalece en la Ciudad. Nos dice que ese año su amigo era Jim, quien supuestamente es el hijo de un político muy importante, lo cual resulta extraño toda vez que Jim vive con su madre en la colonia Roma; si fuera hijo de quien dice, piensa Carlos, debería vivir en una mansión en el barrio de Las Lomas o Polanco, y no en un simple departamento de “medio pelo”. Todo mundo sabe, según el condiscípulo Ayala, que la mamá de Jim es la “querida” del político, y, a decir verdad, no la única, sino una entre muchas.

El título del tercer capítulo, “Alí Babá y los cuarenta ladrones”, hace referencia a ese México corrupto en donde los funcionarios se enriquecen brutalmente. Es desolador, como ya dije, que en pleno 2012, más de sesenta años después del gobierno del presidente Miguel Alemán, podamos aplicar, no solo sin dificultad, sino con la mayor naturalidad, el epíteto de “Alí Babá y los cuarenta ladrones” a los gobernantes. Las palabras de Alcaraz, otro condiscípulo, cuando Jim explica que no ve a su papá porque siempre está fuera trabajando por México, podrían ser suscritas por cualquier mexicano, argentino, colombiano, peruano, y en general por cualquier latinoamericano:


“Sí cómo no: ‘trabajando al servicio de México’: Alí Babá y los cuarenta ladrones. Dicen en mi casa que están robando hasta lo que no hay. Todos en el gobierno de Alemán son una bola de ladrones.” (p. 20)


Carlos nos relata los prejuicios de su familia. Su mamá es de Jalisco, Estado por demás conservador, más en aquella época, y odia a todos los que no sean de ahí. Odia a los capitalinos. Aquí habría que dar una explicación para mis lectores no mexicanos, pues existe cierta animadversión hoy en día en contra de nosotros, los capitalinos, a quienes nos han llamado despectivamente “chilangos”, si bien, por virtud de la costumbre y el exceso de uso, el vocablo ya no tiene en nuestros días esa connotación peyorativa. La Ciudad de México, que es lo mismo que el Distrito Federal, es la concentración urbana más grande del país, y una de las cinco más grandes del mundo. Fue poblada por gente de todos los Estados. Quienes emigraban de sus ciudades para establecerse en el DF cometían cierta traición y se los llamaba chilangos, tanto a ellos como a sus descendientes. Todos los que nacimos y habitamos esta maravillosa ciudad somos descendientes de jalicienses, poblanos, veracruzanos, guanajuatenses, norteños, etcétera. Raro es aquel que no tiene entre sus ascendientes a algún “provinciano”. Pues bien, la madre de Carlos no se siente bien en una ciudad tan mezclada, y menos aún en una colonia que ha venido a menos –a finales del siglo XIX la colonia Roma era el barrio de la aristocracia capitalina– y que se está llenando de árabes y judíos, y de gente del sur. La madre de Carlos odia a esa gente del sur: campechanos, tabasqueños, yucatecos y chiapanecos. Aquí hay un error en el que incurre el 99.99% de los mexicanos, José Emilio Pacheco y la madre de Carlos incluidos: respecto a la Ciudad de México, dada la forma de cornucopia de nuestro país, tanto Yucatán como Campeche, estados por antonomasia “sureños”, ¡están en una posición más septentrional!

En este mapa se aprecia claramente que casi todo Campeche, casi todo Quintana Roo y todo Yucatán están en una posición más septentrional que la Ciudad de México

Jim se convence de que Carlos es su amigo porque un día, en la escuela, Rosales (el más pobre de todos los alumnos) les grita “putos”, y Carlos no tiene otro remedio que irse a los golpes. Por esta razón Jim invita a Carlos a su casa. Al ver a la madre de Jim, el amor es instantáneo:


“Voy a conservarlo entero [el recuerdo] porque hoy me enamoré de Mariana… Enamorarse sabiendo que todo está perdido y no hay ninguna esperanza.” (p. 31)


Aunque reconoce que no hay ninguna oportunidad, se ilusiona al saber, por boca de Jim, que le ha caído muy bien a Mariana, lo cual le hace suponer a Carlos que la mujer lo “registra”, que se ha fijado en él.

La pulsión que siente Carlos es tremenda. Un día, en plena clase de Español, pide permiso para ir al baño, se sale de la escuela y va a casa de Mariana a confesarle su amor:


“Porque lo que vengo a decirle –ya de una vez, señora, y perdóneme– es que estoy enamorado de usted.” (p. 37)


La reacción de Mariana no es de burla, ni de cólera. Más bien de cierta comprensión y simpatía por el chico. Le explica a Carlos que no puede haber nada entre ellos, que ella tiene veintiocho años, que es como una anciana para él, que debe quitarse esa infatuation, así, en inglés, porque puede hacerse daño. Mariana toma al chico de la mano y antes de que se vaya le da un beso en la comisura de los labios.
 
Mientras tanto, en la escuela, al ver que Carlos no regresa del baño, lo empiezan a buscar. Jim sabe de algún modo que Carlos está en casa de Mariana. El profesor Mondragón y Jim se dirigen a casa de este último a buscarlo. Mariana acepta que Carlos estuvo ahí, porque había olvidado el viernes anterior su libro de historia. Tanto Mondragón como los padres de Carlos, enterados de los hechos por boca del primero, esperan que Mariana delate a Carlos, y como no lo hace, suponen que algo extraño y vergonzoso sucedió, y que la mujer lo está ocultando.

Y aquí es donde sale a relucir la hipocresía de la clase media, o por lo menos de la familia de Carlos. Mientras que el chico es enviado con un sacerdote a que confiese sus horribles pecados, y al psiquiátrico, todo mundo sabe que su padre mantiene una relación con una exsecreataria con la que ha procreado dos niñas. Los detalles que pide el sacerdote en la confesión son por demás morbosos y nos hacen pensar en la delectación que el sucio sacerdote habría experimentado mientras preguntaba si la mujer estaba desnuda, si había algún hombre en casa, si el chico se ha tocado, si ha habido derrame. En realidad, Carlos solo está enamorado y no ha hecho mal a nadie.


“Querer a alguien no es pecado, el amor está bien, lo único demoníaco es el odio.” (p. 44)



“El amor es una enfermedad en un mundo en que lo único natural es el odio.” (p. 56)


Rita Hayworth
El único que parece orgulloso de Carlos es su hermano Héctor, que admira que el pequeño haya tenido un asunto amoroso con una mujer “más buena que Rita Hayworth” (p. 48), porque su madre –que piensa que pertenece a una de las mejores familias de Guadalajara–, se refiere a Jim como el “bastardo”, y a Mariana como una “ramera pervertidora de menores”, y se lamenta de la decadencia moral de la Ciudad de México, que, a sus ojos, es como si fuera Sodoma y Gomorra. La mujer es capaz de separar a Estelita, hermana menor de Carlos, por temor a que el chico, ahora que ha sido corrompido, pueda hacerle algún daño (p. 54). Desde luego no permitirá que Carlos siga asistiendo a una escuela que acepta como alumno al hijo de una mujer pública.

Fragmento del mural de Rivera en el desaparecido Hotel Del Prado
La madre de Carlos encarna lo peor del conservadurismo y el catolicismo de la middle class. Héctor, el hijo mayor, es militante derechista. Fue de los que borraron la leyenda “Dios no existe” del mural que Diego Rivera pintó en el Hotel del Prado, pero al mismo tiempo es capaz de intentar violar a las sirvientas –palabra por demás despectiva–. Su lema es: “Carne de gata, buena y barata.” (p. 51) Madre e hijo profesan un catolicismo rancio, pero no tienen ni un ápice de piedad ni caridad cristianas. El cuadro lo completa Isabel, la hermana de Carlos y Héctor, que se ha liado con quien en su momento fue un conocido actor infantil, Esteban, ahora venido a menos.

La novela termina con el encuentro casual entre Carlos y Rosales. Ha pasado algún tiempo desde que Carlos dejó la escuela. Rosales ahora vende chicles en los camiones del transporte público y Carlos está en una mejor posición, porque su padre, que ahora trabaja para los norteamericanos, ha progresado. En la escuela corrió el rumor, por boca del mismo Jim, de que Carlos estaba enamorado de Mariana y que había declarado su amor. También se supo que lo habían llevado al “loquero”. Pero lo peor es que Mariana murió y que Jim regresó a San Francisco con su padre biológico. Nadie sabe bien qué fue lo que sucedió. Al parecer Mariana criticó a los políticos corruptos en una fiesta elegante en Las Lomas, frente a los acaudalados amigos de su amante, cosa que le valió a la pobre mujer una humillación delante de todos esos potentados. El caso es que, según Rosales, la madre de Jim se suicidó. ¿Pero cómo pudo saberse eso? Jim encontró a su madre tirada, muerta, y lo único que se le ocurrió fue pedir ayuda al profesor Mondragón, y así se enteró toda la escuela.

Carlos dejó a Rosales y llorando se dirigió a casa de Mariana. Pero ya no vivía allí y nadie pudo dar razón de ella. Pasado un tiempo, Carlos fue a vivir a Nueva York y estudió en Virginia. Siempre conservó el recuerdo de Mariana (a quien asocia con la canción Obsesión, cuyo autor creo que es Javier Solís).


“Todo pasó como pasan los discos en la sinfonola. Nunca sabré si aún vive Mariana. Si hoy viviera tendría ya ochenta años.” (p. 68)


Café Tacuba
A propósito del estribillo de la canción Obsesión –“Por alto esté el cielo en el mundo, por hondo que sea el mar profundo”–, no puedo dejar de mencionar que el gran grupo de rock urbano Café Tacuba, oriundo de Ciudad Satélite, al norte de la Ciudad de México, hizo la canción “Las batallas en el desierto” como homenaje a esta entrañable y muy querida novela mexicana. 

También hay una película basada en ella, “Mariana, Mariana”, con libreto ni más ni menos que de Vicente Leñero, en donde actúa la guapísima Elizabeth Aguilar, quien, por cierto, fue la primera playmate mexicana, y el gran Pedro Armendáriz, recientemente fallecido.





Les dejo el link de la canción:

Y el link de la película completa. No la he visto, pero me dispongo a verla ahora mismo:


Reciban todos un abrazo.
Venus ReX

José Emilio Pacheco