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lunes, 12 de abril de 2010

No. 10 Beata Ludovica Albertoni, de Bernini

Este fue el décimo mail. Cómo pasa el tiempo. Se trata del divino Bernini, uno de los más grandes artistas de todos los tiempos. Disfrútenlo.



Queridas amigas y amigos:

Ya han pasado diez semanas desde que a algunos cuantos de ustedes les envié The Flagelation of Christ, de Bouguereau, y cada vez hay más gente en mi lista de arte. ¡Diez semanas de obras maestras! Estoy seguro que después de este mail serán aún más.

En esta ocasión les ofrezco a uno de lo más grandes artistas que ha habido en todos los tiempos. Se trata del italiano Gianlorenzo Bernini: pintor, escultor, arquitecto, humanista, científico, etcétera. Sin duda, uno de los espíritus más grandes y sublimes que ha poblado el mundo. Él encarna perfectamente el espíritu del renacimiento, hoy tan perdido y vilipendiado.

La obra que les presento es una escultura: La Beata Ludovica Albertoni, ubicada hoy en día en San Francesco a Ripa, en Roma. Fue realizada entre 1671 y 1674, años que marcaron el esplendor del Barroco tanto en Italia como en el resto de Europa.

La longitud de esta maravilla es de 188 cm, y está esculpida sobre un trozo de mármol blanco, sin añadidos ni pegados, ¡un solo y único bloque de piedra del cual ha surgido, gracias a las benditas manos de nuestro artista, este prodigio de la humanidad! Increíble. Cuando uno ve estas maravillas se da cuenta que lo más parecido al acto del Creador (el acto creador) no es la filosofía ni la ciencia, sino el Arte. Nada más de ver a la Beata Ludovica Albertoni le dan a uno ganas de verter lágrimas sobre el escritorio.
En algunos libros de teología se ofrecen explicaciones en cuanto a la experiencia mística, pero creo que observar esta escultura (o el Éxtasis de Santa Teresa, del mismo autor) es lo más próximo o parecido (metafóricamente hablando claro está) a tal experiencia: una experiencia estética que sin duda puede provocar en las almas sensibles el síndrome de Stendhal.
Observen el rostro de la Beata Ludovica: es tan sensual, tan voluptuoso, tan erótico, y a la vez tan místico, tan fuera de este mundo, tan poseído por la divinidad, tan arrebatado, tan en éxtasis.... No es casualidad que a menudo los místicos empleen el lenguaje amatorio y erótico para describir su experiencia. He ahí Santa Teresa, o San Juan de la Cruz, o el mismo Santo Tomás de Aquino, quien expresó, después de su éxtasis, que su obra entera no era nada en comparación con lo que había experimentado. Qué les puedo decir, uno no puede más que caer rendido y alabar al Creador.

En fin, disfrútenla y, por caridad, no crean que mis palabras son hiperbólicas. Al contrario, creo que me he quedado corto.

Un abrazo a todas y a todos.
VENUS REX

2 comentarios:

  1. Sin duda alguna el arte es la madre de toda la creación,de todo lo que vemos a nuestro alrededor.
    La expresión de la Beata Ludovica es sin duda alguna algo que no se puede describir con palabras,porque quedarían cortas. Apenas vi la imagen y me quedé atónita,produjo muchas sensaciones en mí y que tampoco puedo explicarlas.
    Muy bueno el blog...me encanta!

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